La inteligencia artificial puede ayudarte a preparar una clase más rápido. Puede darte ideas, textos, diálogos, tarjetas, preguntas, tareas de comprensión o propuestas de interacción en segundos. Pero esa velocidad tiene una trampa: una propuesta generada rápido no siempre da buenos resultados. Vamos a ver, entonces, cómo crear actividades con IA que realmente funcionan.
Una buena tarea va más allá de una ficha bonita o de una lista de preguntas correctas. Una buena actividad tiene un objetivo claro, responde al nivel real de los estudiantes, trabaja una necesidad concreta y permite usar la lengua de una forma significativa. La IA puede ayudar mucho en ese proceso, pero, por supuesto, no sustituye el criterio del profesor.
Por eso, la pregunta interesante no es “¿puedo crear actividades con IA?”. Claro que puedes. La pregunta importante es: “¿cómo sé si esa actividad merece entrar en mi clase?”.
En este artículo vamos a ver una forma práctica de usar la inteligencia artificial para diseñar actividades de ELE sin perder el control didáctico. No se trata de delegar la clase en una herramienta, sino de trabajar con ella como apoyo para pensar mejor, probar más opciones y revisar con más distancia.
Empieza por el objetivo, no por el prompt
Uno de los errores más habituales al usar IA es empezar escribiendo algo como “crea una actividad para practicar el pasado”. El resultado puede parecer útil, pero suele ser demasiado genérico. La herramienta no sabe qué grupo tienes delante, qué han trabajado antes, qué dificultad aparece en clase ni qué quieres observar al final.
Antes de pedir nada, conviene formular el objetivo con precisión. No es lo mismo “practicar el pasado” que “ayudar a estudiantes B1 a contrastar indefinido e imperfecto cuando cuentan una anécdota personal”. Tampoco es lo mismo “trabajar vocabulario de viajes” que “activar léxico útil para resolver un problema en una recepción de hotel”.
Cuanto más claro sea el objetivo, más fácil será evaluar si la propuesta generada sirve o no. La IA puede producir muchas ideas, pero el profesor decide qué necesita la clase.
Define el contexto de aula
Una actividad no existe en abstracto. Funciona o no funciona en un grupo concreto. Por eso, al pedir ayuda a la IA, incluye información de contexto: nivel, número de estudiantes, edad aproximada, modalidad, tiempo disponible, destreza principal, dinámica y materiales que quieres o no quieres usar.
Por ejemplo, no basta con pedir “una actividad oral para B1”. Es mejor decir: “Tengo un grupo B1 de diez adultos, clase presencial, 25 minutos, quiero que practiquen narrar una experiencia breve usando conectores temporales. Necesito una dinámica por parejas, con preparación previa y puesta en común corta”.
Ese tipo de instrucción reduce las respuestas vagas. También obliga al profesor a pensar la actividad antes de generarla. Y eso ya es una mejora importante: la IA no debe ser el punto de partida de la planificación, sino una herramienta dentro de ella.
Pide una secuencia, no una actividad suelta
Muchas propuestas generadas por IA fallan porque saltan directamente a la producción. Piden al estudiante que hable, escriba o debata sin suficiente preparación. En clase, eso puede producir silencio, respuestas pobres o dependencia excesiva del profesor.
Para evitarlo, es mejor pedir una secuencia breve: activación, input, práctica guiada, producción y cierre. No siempre necesitas todas esas fases, pero pensar en ellas ayuda a comprobar si la actividad tiene andamiaje.
Una buena secuencia puede empezar con una pregunta sencilla para activar conocimientos, seguir con un modelo de lengua, pasar a una práctica controlada y terminar con una tarea más personal. La IA puede ayudarte a generar variantes de cada fase, pero tú decides el recorrido.
Cuida la lengua que aparece en la actividad al crear una actividad con IA
La IA tiende a producir textos ordenados, correctos y bastante neutros. Eso puede ser útil, pero también puede crear muestras de lengua poco naturales o demasiado perfectas para el nivel. A veces aparecen diálogos que nadie diría así, instrucciones con vocabulario innecesariamente complejo o textos que mezclan varios objetivos a la vez.
Antes de llevar una actividad al aula, revisa la lengua con calma. ¿El input es adecuado al nivel? ¿La consigna se entiende sin explicación excesiva? ¿Hay demasiadas estructuras nuevas? ¿La tarea permite usar la lengua meta varias veces? ¿Hay ejemplos suficientes?
Si algo no encaja, no hace falta empezar de cero. Puedes pedir a la IA que simplifique el texto, que mantenga solo una estructura, que añada ejemplos, que cambie el registro o que adapte la actividad a un grupo concreto. Pero la revisión final debe ser docente.
No confundas personalización con relleno
Una de las grandes ventajas de la IA es que permite adaptar materiales rápidamente. Puedes pedir una versión para adolescentes, para estudiantes universitarios, para profesionales sanitarios o para un grupo que vive en una ciudad determinada.
Pero personalizar no significa añadir detalles superficiales. Cambiar “María va al mercado” por “María va a Cádiz” no siempre mejora una actividad. La personalización tiene sentido cuando cambia la implicación del estudiante, la tarea comunicativa o la utilidad del lenguaje.
Una buena adaptación conecta con intereses, contextos de uso o decisiones reales. Si tus estudiantes necesitan español para trabajar, viajar, estudiar o socializar, la actividad debería acercarse a esas situaciones. La IA puede ayudarte a generar escenarios, pero tú sabes cuáles tienen sentido.
Si creas actividades con IA incluye interacción
Muchas actividades creadas con IA son correctas, pero poco comunicativas. Tienen preguntas, huecos o frases para completar, pero no crean una necesidad real de escuchar al compañero, negociar significado o tomar decisiones.
Si quieres una actividad oral, pide que haya intercambio de información, elección, opinión, comparación, acuerdo o resolución de un pequeño problema. La interacción mejora cuando cada estudiante tiene algo que el otro necesita, cuando hay una decisión que tomar o cuando el resultado no está cerrado desde el principio.
En lugar de “haz diez preguntas sobre comida”, puedes pedir: “diseña una actividad en la que dos estudiantes tengan restricciones diferentes y tengan que elegir juntos un menú para una cena”. La diferencia es enorme. En la segunda opción hay lengua, pero también propósito.
Incluye apoyo para estudiantes que lo necesitan
Una actividad bien diseñada no abandona al estudiante en el momento de producir. Ofrece apoyos: modelos, frases útiles, listas breves de vocabulario, ejemplos, opciones, tiempo para preparar o una estructura clara de respuesta.
La IA es especialmente útil para generar esos apoyos. Puedes pedir un banco de expresiones, una versión más sencilla de una consigna, tres modelos de respuesta o una tabla con frases para opinar, matizar y pedir aclaración.
Eso sí: los apoyos no deben convertir la actividad en lectura mecánica. Deben ayudar al estudiante a hablar o escribir mejor, no sustituir su producción. El equilibrio está en dar suficiente estructura para empezar y suficiente espacio para decidir.
Al crear actividades con IA revisa el sesgo
Las herramientas de IA pueden generar ejemplos aparentemente inocentes que reproducen estereotipos, simplifican culturas o presentan situaciones poco inclusivas. También pueden crear nombres, profesiones o contextos demasiado repetitivos.
Antes de usar una actividad, revisa quién aparece, qué roles tiene, qué variedades del español se representan y qué imagen del mundo transmite. Esto es especialmente importante en ELE, donde la lengua siempre llega acompañada de referencias culturales.
No se trata de convertir cada actividad en una lección intercultural. Se trata de evitar materiales planos, sesgados o poco creíbles. Un pequeño ajuste en nombres, contextos y situaciones puede mejorar mucho la calidad de la propuesta.
Pide variantes, pero elige con criterio a la hora de crear actividades con IA
Una buena forma de trabajar con IA es pedir varias opciones. Por ejemplo: “dame tres versiones de esta actividad: una más controlada, una comunicativa y una para deberes”. Esto te permite comparar y elegir.
La primera respuesta no tiene por qué ser la mejor. A veces la segunda o tercera iteración mejora mucho porque ya has detectado qué falta: más contexto, menos dificultad, una fase de preparación, una consigna más clara o una producción final más realista.
Trabajar con IA no es aceptar la primera propuesta. Es conversar con la herramienta para llegar a una actividad que tú puedas defender didácticamente.
Usa una lista de comprobación antes de llevarla al aula
Antes de usar una actividad creada con IA, puedes hacer una revisión rápida con estas preguntas:
- ¿Qué objetivo lingüístico o comunicativo trabaja?
- ¿Es adecuada para el nivel real del grupo?
- ¿La consigna se entiende sin demasiada explicación?
- ¿Hay apoyo suficiente antes de la producción?
- ¿La actividad genera interacción o solo respuestas aisladas?
- ¿El input es natural, útil y revisado?
- ¿Hay algún ejemplo culturalmente pobre, sesgado o artificial?
- ¿Cómo sabré al final si ha funcionado?
Si no puedes responder a estas preguntas, la actividad todavía no está lista. Puede tener potencial, pero necesita una vuelta más.
Un ejemplo de prompt más útil para crear actividades con IA
Un buen prompt no tiene que ser largo, pero sí debe dar dirección. Por ejemplo:
“Diseña una secuencia de 30 minutos para una clase de ELE B1 con adultos. Objetivo: que los estudiantes cuenten una experiencia de viaje usando indefinido e imperfecto. Grupo de 12 estudiantes, clase presencial. Incluye una fase de preparación, un modelo breve, práctica guiada, interacción por parejas y cierre con corrección diferida. Añade frases de apoyo y posibles problemas.”
Este prompt funciona mejor porque combina contexto, objetivo, nivel, tiempo, dinámica y criterios de diseño. Después, el profesor puede revisar, recortar, adaptar y convertir la propuesta en una actividad propia.
La IA no diseña tu clase: te ayuda a pensarla
Crear actividades con IA no debería llevarnos a preparar clases más rápidas pero más pobres. Bien usada, la IA puede hacer justo lo contrario: ayudarnos a comparar opciones, ajustar niveles, crear apoyos, anticipar problemas y revisar materiales con más criterio.
La clave está en no confundir producción con diseño. La herramienta produce. El profesor diseña. La herramienta propone. El profesor decide. La herramienta acelera. El profesor da sentido.
Una actividad de ELE bien hecha con IA no parece salida de una máquina. Parece una actividad pensada para ese grupo, en ese momento y con ese objetivo. Y ahí sigue estando el valor del docente. Si quieres estar al día sobre inteligencias artificiales y enseñanza del español, te aconsejamos que le eches un vistazo a nuestro curso IA para profesores ELE.

Francisco Herrera es formador de profesores de español en varios programas universitarios y dirige la plataforma International House formacionele.com. También es el director del centro CLIC International House Cádiz.

