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La paradoja del feedback: por qué tus estudiantes de ELE piden que les corrijas y luego no lo miran

Le dedicaste veinte minutos a corregir esa producción escrita. Marcaste los errores de gramática, sugeriste unas mejores conectores, escribiste un párrafo al final explicando cómo reforzar el argumento. Y cuando le devuelves el trabajo al estudiante, ¿qué ocurre? Mira la nota, asiente, la dobla y la guarda en la carpeta. No lee ni una sola de tus anotaciones.

Si esta escena te resulta familiar, no estás solo. Y no es que tus estudiantes sean vagos o desagradecidos. Es algo mucho más interesante: los estudiantes aseguran valorar el feedback (de hecho se quejan cuando no lo reciben de manera detallada y personalizada), pero  a la vez lo aprovechan poquísimo. Los investigadores lo llaman la paradoja del feedback, y entenderla es el primer paso para corregir de una forma que de verdad refuerce el aprendizaje.

En este artículo verás por qué pasa esto en la clase de español y, sobre todo, te dejaremos seis estrategias que puedes aplicar en tu próxima corrección.

La paradoja: piden corrección, pero no la usan

Hay un patrón que se repite en casi todas las aulas. Cuando devuelves una tarea con nota y comentarios, el alumno va directo a la nota. Y a partir de ahí, la calificación decide cuánto lee: si ha sacado buen resultado, muchas veces ni se molesta en revisar tus comentarios (“para qué, si está bien”); si ha sacado mal resultado, a veces evita mirarlos por pura incomodidad.

En el aula de español esto se ve con especial claridad en las tareas de expresión escrita y en la corrección oral. Corriges una y otra vez el mismo error de ser/estar, das la explicación completa, y tres clases después el error se reproduce tal cual. La sensación de estar corrigiendo en el vacío es frustrante (y es real). Sin embargo, el problema no suele estar en tu corrección: está en lo que ocurre (o no ocurre) después de que la entregas.

Por qué tus estudiantes de ELE no aprovechan tus correcciones

Cuando se estudia a fondo qué frena a los estudiantes a sacarle partido a estas correcciones, a menudo aparecen cuatro obstáculos. Te los comento aquí con ejemplos de aula y con la señal que te indica que están ocurriendo en tu clase.

No entienden lo que significa

Escribes “cuida la cohesión” o “revisa el registro” y para ti es transparente. Para un estudiante de nivel B1, “cohesión” y “registro” son palabras tan opacas como el propio error que cometió. Le estás dando la solución en un idioma que aún no domina.

Señal de que pasa en tu clase: el estudiante asiente cuando le devuelves la tarea, pero no pregunta nada. No es que lo haya entendido; es que no sabe ni qué preguntar.

No saben cómo mejorarlo

Este es distinto del anterior. A veces el alumno entiende perfectamente qué está mal , por ejemplo, “tus frases son muy largas y se pierde el hilo”, pero no tiene ni idea de qué hacer diferente la próxima vez. Tiene el diagnóstico; le falta el tratamiento.

Señal de que pasa en tu clase: te dicen “sí, ya, es que me salen las frases largas sin querer”, como quien reconoce un rasgo de su personalidad, no un problema con solución.

Creen que no pueden

“Es que yo soy negado para el subjuntivo.” “La gramática no es lo mío.” Cuando un estudiante cree que su nivel en algo es fijo, tu feedback no funciona. ¿Para qué esforzarse en corregir algo que consideran parte inmutable de cómo son? Esta creencia desactiva la retreoalimentación antes incluso de leerla.

Señal de que pasa en tu clase: el aprendiz se ríe o se disculpa por el mismo tipo de error una y otra vez, como si fuera inevitable.

No les compensa el esfuerzo

Si esa redacción ya tiene su nota y nunca va a volver a tocarse, usar tus correcciones no tiene una recompensa evidente. El alumno hace un cálculo silencioso: “ya está corregida, ya tengo la nota, siguiente”. Sin una segunda oportunidad de aplicar lo aprendido, tu feedback es información sobre un tren que ya ha pasado.

Señal de que pasa en tu clase: nadie te pregunta nunca cómo aplicar un comentario a la siguiente tarea. Cada tarea se vive como un compartimento cerrado.

Seis estrategias prácticas para que usen tu feedback

Aquí está lo importante: qué puedes hacer desde el lunes. No necesitas aplicarlas todas a la vez. Elige una y pruébala en tu próxima corrección.

1, Corrige menos, pero que actúen

Marcarlo todo es agotador para ti y algo inútil para el alumno: ante una hoja llena de rojo, se bloquea y no sabe por dónde empezar. Prueba lo contrario: elige dos o tres puntos por texto. En una composición de B1, por ejemplo, solo los pasados y los conectores; el resto lo dejas pasar esta vez. Menos correcciones que el alumno usa valen más que veinte que no lee.

2. Convierte el error en una acción concreta

Compara estas dos correcciones:

  • Revisa el uso de los pasados.
  • Estos tres verbos deberían ir en indefinido, no en imperfecto. Reescríbelos.

La primera es un diagnóstico; la segunda es una instrucción que el estudiante puede ejecutar sin ayuda. Siempre que puedas, transforma el comentario en algo que se hace, no en algo que se entiende. Un buen test: si tu comentario no se puede convertir en un verbo de acción (“reescribe”, “sustituye”, “une estas dos frases”), probablemente el alumno no sabrá qué hacer con él. Esta idea de orientar la corrección hacia la siguiente tarea es lo que en evaluación se llama feedforward, y la desarrollamos a fondo en Herramientas de evaluación ELE: feedback y feedforward.

3. Da el comentario antes que la nota

Ya viste que la nota se come al comentario: en cuanto el alumno la ve, deja de leer. Aprovéchalo a tu favor. Devuelve primero la tarea solo con los comentarios y pide una reacción (una pregunta, una corrección, una segunda versión) antes de dar la nota. Cuando la nota no está disponible, el comentario se convierte en lo único que hay que mirar. Es un pequeño cambio de orden con un efecto enorme.

4. Pide una segunda versión

Esta es quizá la más poderosa, y la más descuidada. El feedback solo se completa cuando el alumno lo usa para producir algo mejor. Si la tarea se corrige y se archiva, nunca sabrás si tu corrección sirvió, y el alumno tampoco. Introduce la reescritura: la misma redacción, revisada a partir de tus comentarios. No hace falta con todas las tareas; con hacerlo en algunas, el mensaje cambia por completo: aquí las correcciones se usan, no se guardan. Y no siempre tiene que ser una redacción entera: formatos breves como los tickets de salida permiten cerrar ese círculo en dos minutos al final de la clase.

5. Traduce tu metalenguaje

Si vas a usar palabras como “cohesión”, “registro”, “precisión léxica” o “marcadores del discurso”, asegúrate de que tus alumnos saben qué significan en la práctica. Dedica cinco minutos a construir con ellos un mini-glosario de aula, con un ejemplo concreto de cada término. “Cohesión” deja de ser abstracto cuando el alumno ve, en una frase real, la diferencia entre un texto con conectores y otro sin ellos. Una rúbrica bien construida hace justo esto: convierte esos términos abstractos en descripciones que el alumno entiende y puede aplicar. Coherente, además, con el propio mensaje de este artículo: no corrijas en un idioma que el alumno todavía no domina.

6. Haz que el estudiante pida el feedback que quiere

Antes de que te entreguen una tarea, pídele a tus estudiantes que escriban una línea: “¿En qué quieres que me fije especialmente?”. Cuando el alumno decide qué feedback quiere, deja de ser un receptor pasivo y pasa a implicarse en la corrección. Además, tú corriges de forma más útil, porque respondes a algo que ya se ha identificado como su preocupación o duda personal. Es un cambio pequeño que convierte la corrección en una conversación en lugar de un veredicto. Si quieres llevar esta implicación un paso más allá y que sean los propios estudiantes quienes se den feedback entre ellos, la coevaluación es el siguiente paso natural.

Empieza por una sola cosa esta semana

No intentes rediseñar toda tu forma de corregir de golpe. Elige una de estas seis estrategias y aplícala en tu próxima tarea. Si tuviera que recomendarte por dónde empezar, sería por pedir una segunda versión: es la que más rápido cambia la relación de tus alumnos con el error, porque les demuestra que corregir sirve para algo tangible.

Corregir bien no es corregir más. Es corregir de forma que el alumno pueda —y quiera— hacer algo con lo que le dices. Ahí está la diferencia entre pasar horas marcando errores y provocar aprendizaje real.

En el Curso para profesores de español trabajamos precisamente esto: cómo formar profesores de español que corrigen para que el alumno aprenda, no solo para justificar una nota. Si quieres profundizar en evaluación y feedback en el aula de ELE, es tu punto de partida.

Alejandro Tinoco formacionele

Este artículo ha sido escrito por Alejandro Tinoco, jefe de estudios de CLIC International House Cádiz y colaborador de los cursos para profesores de español como lengua extranjera en Formación ELE.

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