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Activación y concentración: cómo regular la energía en la clase de español para niños

En una clase de español para niños, uno de los grandes retos consiste en gestionar la energía del grupo. A veces necesitamos que los estudiantes se levanten, hablen y se muevan; en otros momentos, buscamos que se sienten, escuchen y concentren su atención. Las actividades stirrer y settler nos ayudan a planificar estos cambios de ritmo.

Una actividad stirrer activa al grupo, mientras que una actividad settler reduce su nivel de excitación y favorece la concentración. Sin embargo, no debemos entenderlas como dos categorías rígidas ni asociar las primeras con el juego y las segundas con el trabajo serio. Ambas pueden generar aprendizaje y ambas forman parte de una clase bien planificada.

¿Qué son las actividades stirrer y settler?

Las actividades stirrer incorporan movimiento, interacción, música, competición o cambios en la organización del aula. Un juego de mímica, una canción con gestos o una búsqueda de tarjetas pueden ayudarnos a recuperar la atención cuando el grupo empieza a desconectarse.

Las actividades settler, por el contrario, proponen un ritmo más tranquilo. Escuchar una historia, ordenar imágenes, completar un dibujo o clasificar palabras permiten reducir progresivamente el nivel de actividad y centrar la atención en una tarea concreta.

La diferencia no está siempre en el formato. Una sopa de letras puede ser una actividad tranquila si se resuelve individualmente, pero puede convertirse en una dinámica muy activa si planteamos una competición por equipos. Del mismo modo, una canción puede funcionar como stirrer si incluye baile y desplazamientos o como settler si se escucha para identificar determinadas palabras.

Por eso, más que clasificar las actividades de antemano, conviene preguntarnos qué efecto producen en ese grupo y en ese momento de la clase.

Alternar ritmos para mantener la atención

Cuando los niños pierden la concentración, la solución no siempre es pedirles que se estén quietos. En ocasiones, la inquietud indica precisamente que necesitan moverse. Una actividad física breve puede canalizar esa energía y facilitar después el trabajo en una tarea más pausada.

Las investigaciones recogidas en la bibliografía sobre actividades cinestésicas muestran que el movimiento puede favorecer la participación y la comprensión de la lengua que se está aprendiendo. En uno de los estudios analizados, incluso los estudiantes que participaban poco aumentaron su implicación cuando las tareas incluían gestos, desplazamientos o manipulación de objetos.

Esto no significa que tengamos que llenar la clase de juegos físicos. Si encadenamos varias actividades muy estimulantes, podemos acabar con un grupo sobreexcitado y con dificultades para recuperar la calma. La clave está en la alternancia: activar, concentrar, volver a activar y cerrar con una propuesta tranquila.

Este principio encaja con la necesidad de combinar actividades breves y variadas que ya señalamos al explicar cómo crear un plan de clase de español para niños.

Cuatro actividades stirrer para la clase de español

Simón dice con una finalidad lingüística

El conocido juego de Simón dice permite trabajar las partes del cuerpo, las acciones y el imperativo: toca la cabeza, levanta los brazos, da dos pasos o pon el lápiz debajo de la silla.

Para aumentar la producción oral, podemos pedir que los propios estudiantes asuman progresivamente el papel de Simón. De esta manera, la actividad no se limita a seguir instrucciones, sino que también permite construirlas y pronunciarlas.

Corre y toca

Colocamos tarjetas con palabras o imágenes en diferentes puntos del aula. El docente da una pista y los estudiantes deben desplazarse hasta la tarjeta correcta. Si estamos trabajando los animales, podemos decir vive en el mar, tiene cuatro patas o puede volar.

Para evitar que se convierta únicamente en una carrera, podemos pedir que quien llegue a la tarjeta produzca una frase completa: El delfín vive en el mar. En espacios pequeños, correr puede sustituirse por caminar, señalar o enviar a un representante de cada equipo.

Estatuas con emociones

Ponemos música y dejamos que los niños se muevan por el aula. Cuando la música se detiene, mostramos una tarjeta con una emoción: alegría, miedo, cansancio o sorpresa. Los estudiantes deben quedarse inmóviles representándola.

Después podemos preguntar: ¿Cómo estás? o ¿Cómo está Pablo?. Así conectamos movimiento, gestos y producción oral dentro de una dinámica breve.

La búsqueda de objetos

Damos instrucciones relacionadas con el léxico trabajado: Busca algo rojo, toca un objeto de madera o encuentra algo que usamos para escribir. Esta actividad permite utilizar el propio espacio del aula como recurso didáctico.

Conviene establecer antes un límite de tiempo, unas zonas de movimiento y una señal clara para volver al sitio.

Cuatro actividades settler para recuperar la concentración

Escucha y dibuja

Describimos un personaje, una habitación o un pequeño paisaje y los estudiantes lo dibujan. Las instrucciones pueden adaptarse fácilmente al nivel: Hay una casa amarilla, el gato está debajo de la mesa o el monstruo tiene tres ojos.

Al terminar, comparamos los dibujos y recuperamos oralmente las expresiones utilizadas. También podemos dejar que un estudiante describa su creación mientras los demás intentan reproducirla.

Clasificar palabras o imágenes

Entregamos tarjetas para que los niños las organicen en categorías: animales y alimentos, objetos de la casa y objetos de la escuela, acciones y estados o palabras masculinas y femeninas.

Esta dinámica ayuda a fijar y relacionar el vocabulario. Como explicamos en nuestro artículo sobre cómo trabajar el léxico al enseñar español para niños, aprender palabras implica construir conexiones y no solo memorizar elementos aislados.

Ordenar una historia

Presentamos una secuencia de tres a seis imágenes desordenadas. Los estudiantes deben colocarlas en un orden lógico y reconstruir oralmente la historia.

Podemos ofrecer estructuras de apoyo como primero, después y al final. De este modo, la actividad mantiene un ritmo tranquilo, pero conduce a una producción comunicativa con sentido.

El minuto de memoria

Durante sesenta segundos, los estudiantes escriben o dibujan todo lo que recuerdan de la clase. Con los más pequeños, podemos entregarles algunas imágenes para que rodeen las palabras trabajadas.

No hace falta convertirlo en una competición. También puede funcionar como una pequeña actividad de autoevaluación y como rutina de cierre.

Las transiciones también se planifican

Uno de los temores habituales del profesorado es no poder recuperar el control después de una actividad con movimiento. Sin embargo, el problema no suele estar en la actividad stirrer, sino en la ausencia de una transición clara.

Los niños necesitan saber cómo empieza y cómo termina cada dinámica. Podemos utilizar una cuenta atrás, una secuencia de palmadas, una palabra clave o un fragmento musical. Lo importante es mantener siempre la misma señal y practicarla desde las primeras clases.

También conviene explicar las reglas antes de que comience el movimiento. Una instrucción como cuando levante esta tarjeta, volvemos al sitio y nos sentamos resulta más eficaz antes del juego que cuando el grupo ya está corriendo por el aula. Las rutinas, como señala el British Council en su propuesta sobre stirrers y settlers, forman parte de la gestión del aprendizaje.

Una posible secuencia para una clase de español

Una sesión de cincuenta minutos podría comenzar con una rutina tranquila de saludo y recuperación del vocabulario anterior. Después, una actividad stirrer permitiría activar el léxico mediante movimientos o tarjetas. A continuación, el grupo podría escuchar y dibujar, ordenar una historia o completar una tarea breve.

En la parte central introduciríamos otra dinámica activa, esta vez orientada a la producción oral. Tras ella, una actividad más pausada ayudaría a sistematizar lo aprendido. Finalmente, cerraríamos con el minuto de memoria o una pequeña autoevaluación.

No se trata de seguir siempre la secuencia settler-stirrer-settler de manera mecánica. Un grupo puede llegar a clase con poca energía y necesitar activarse desde el principio; otro puede entrar muy excitado y requerir una rutina tranquila. La planificación proporciona una estructura, pero la observación del grupo nos indica cuándo debemos modificarla.

En definitiva, las actividades stirrer y settler no sirven únicamente para mantener la disciplina. Nos permiten diseñar una clase de español para niños más variada, equilibrada y ajustada a sus necesidades. La pregunta que debemos hacernos al planificar no es solo qué van a aprender, sino también qué nivel de energía necesitarán para aprenderlo.

Paula Herrera formacionele

Este artículo ha sido escrito por Paula Herrera, profesora de español en CLIC Cádiz y formadora de International House formacionele.com en los cursos para profesores de español como lengua extranjera.

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