Portafolios en la formación de profesores de español

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El concepto de portafolios surgió como tal en los años ochenta en EEUU y Canadá y aunque nació en otros ámbitos profesionales llegó con fuerza al mundo de la educación. En principio su definición es simple: un portafolios es una carpeta en la que se muestra lo mejor de nuestro trabajo e ilustra nuestro recorrido en cualquier actividad profesional o formativa. Sin embargo, en la práctica es mucho más que esto.

Desde la perspectiva constructivista, los alumnos deben tomar las riendas del aprendizaje de una forma consciente. Es evidente que sin una reflexión continua y una valoración específica de nuestra propia actuación no podremos alcanzar adecuadamente y de forma responsable el fin último de cualquier proceso educativo el de mejorar y progresar.

Para alcanzar este objetivo cualquier estudiante que se enfrente a un curso de formación debe hacer una evaluación real de dónde parte, analizar sus propias necesidades, profundizar sobre sus puntos débiles y sus fortalezas de partida, porque sobre esto es sobre lo que va a construir el nuevo conocimiento.

En mi opinión este planteamiento valdría para cualquier actividad de nuestra vida personal y social. Por tanto, la enseñanza de cualquier materia debería desarrollar un hábito reflexivo y estructurado que promueva un aprendizaje activo en colaboración con el grupo. Para esto disponemos de una herramienta muy valiosa: el portafolio formativo y evaluativo.

Si creemos que aprendemos según nuestra historia vital, con unas características afectivas y cognitivas que son únicas, con nuestras creencias acerca de lo que es aprender y enseñar en un contexto determinado social y personal, entonces tendremos que tenerlo muy en cuenta en el aula.

El portafolio es un instrumento de indagación que permite al estudiante, en un acto de introspección, analizar todo su proceso de aprendizaje desde el principio hasta el final, es decir, como un recorrido en el que explica de dónde venía, cómo ha trabajado para aprender, cuánto ha progresado y qué le queda todavía por hacer.

Todo esto debe estar bien reflejado en la estructura de cualquier portafolio, por lo que este documento reflexivo debe constar como mínimo de:

  • Un punto de partida, que refleje de la forma más sincera posible quién es el estudiante, cuáles son sus ideas y creencias específicas sobre lo que va a estudiar y qué necesidades reales tiene que cubrir.
  • Unas evidencias o muestras representativas de su trabajo durante todo el curso que reflejen sus logros y dificultades, y que ilustren lo que ha hecho y cómo ha trabajado. Muchos estudiantes cometen el error aquí de repetir sin más los conceptos que han asimilado en las actividades o tareas realizadas que ya han sido evaluadas con anterioridad. Evidentemente no se trata de esto, sino más bien de analizar desde una perspectiva personal qué han significado para el estudiante, qué representan para él y hacer un acto reflexivo sobre en qué medida le han ayudado a aprender y alcanzar sus objetivos de aprendizaje.
  • Una reflexión final, en la que se debe valorar todo el proceso de aprendizaje mirando hacia atrás, al punto de partida, y así evaluar el trabajo realizado, las metas alcanzadas, los nuevos conocimientos y capacidades adquiridas. Esta estación de llegada debe reflejar cómo y en qué medida hemos cubierto nuestras necesidades iniciales.

Esta última parte es una parada en el camino, un punto de inflexión que permite tomar un nuevo impulso e incita al estudiante a la acción al detectar nuevas necesidades. Por tanto, es importante que plasme sus planes de acción futura de forma coherente.

Por experiencia sé que esta mirada hacia atrás y hacia adelante que descubre el progreso del alumno, es muy motivadora. Es importante que este último apartado del portafolio refleje la personalidad y una visión propia del estudiante y no una repetición de las reflexiones de autores o de los profesores, porque entonces no tendríamos  una idea clara de la capacidad de acción y de iniciativa del alumno en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

El portafolio establece un diálogo fructífero entre profesor y alumno. El docente que evalúa a un estudiante toma conciencia de qué procesos han intervenido en su aprendizaje, cómo ha trabajado colaborativamente y cuáles han sido sus dificultades. Al mismo tiempo se evalúa la capacidad de autocrítica y de establecer metas propias, en definitiva, la capacidad de dirigir la propia formación de una manera consciente.

Está claro que el portafolio nos ofrece la posibilidad de evaluar de una forma más profunda, amplia, efectiva y personalizada nuestra actuación como mediadores en el aprendizaje.  ¿Te animas a usarlo?

 


Concha WengerEste artículo ha sido escrito por Concha Wenger Pastor, tutora de portafolios en formacionele.com, la plataforma International House para la formacion de profesores de español. Imagen de portada de este artículo: Pexels.

4 Responses to “Portafolios en la formación de profesores de español”

  1. Roberto Gallardo

    Me parece una herramienta muy interesante para optimizar el aprendizaje.

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  2. Laura Vicente

    Cuando comencé este curso y me dijeron que se evaluaba mediante un portafolio, lo primero que pensé era que si sería suficiente para evaluar todo lo que tenía que hacer en este curso. No era la primera vez que realizaba un portafolio, ya lo había hecho antes en la asignatura de Literaturas Clásicas de Asia Oriental en el grado que estudié pero no me parecía la mejor forma de evaluación. Y quizás por la experiencia que había tenido previamente tenía ese sentimiento de desconfianza que cambió por completo en el proceso de ir llenando ese portafolio con mis nuevas experiencias.
    Estoy totalmente de acuerdo con que el portafolio es un instrumento que permite al estudiante, analizar todo su proceso de aprendizaje desde el principio hasta el final. Porque es algo que me ha pasado en primera persona pudiendo comprobar cómo desde el primer día al último, en el que me encuentro ahora, he mejorado enormemente, y puedo decirlo con las evaluaciones de los alumnos en las manos y demás evidencias que demuestran cómo ha sido mi proceso de aprendizaje y eso es algo muy enriquecedor creo yo para el estudiante. Es como un recorrido en el que se explica de dónde venía al principio cuando tuve que escribir mi punto de partida, y cómo he trabajado para aprender, progresar y qué queda aún por mejorar.
    Entonces no podría estar más de acuerdo, todo lo contrario de lo que pensaba al empezar a usar el portafolio, con que nos ofrece la posibilidad de evaluar y evaluarnos de una forma más profunda, amplia, efectiva y personalizada.

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  3. Adriana Balseca

    Ya he realizado portafolios anteriormente y he podido notar su valor en especial cuando son revisados posteriormente. Me ha permitido recorrer mis pasos y enfocarme en aquellos temas que fueron más complejos en mi proceso de aprendizaje

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  4. María Verónica

    Estoy motivadísima a comenzar el curso y utilizar esta herramienta , plasmar todo mi trabajo, aprendizaje y futuras metas ordenadas y planificadas para poder llevar a cabo este curso con éxito.

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