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Las micropausas en las clases de español en línea

Dada la situación actual, las clases en línea han supuesto una interesante alternativa en el ámbito educativo en general y en la enseñanza del español como lengua extranjera en particular. Tanto profesores como estudiantes hemos podido continuar nuestra actividad, y podemos decir, que nos hemos adaptado lo mejor posible, pese a nuestra inexperiencia y algunas reticencias previas.

No cabe duda de que este tipo de enseñanza-aprendizaje viene cargado de grandes ventajas, pero también de ciertos inconvenientes. Uno de ellos guarda relación con la capacidad de concentración y atención.

Personalmente he notado que cuesta más mantener la atención en las clases en línea. Bien sea porque hay más elementos distractores en casa, o porque resulta más fácil desconectarse, en el sentido literal y metafórico de la palabra. Con apagar la cámara o el micrófono ya nadie se entera de lo que estoy haciendo durante la clase: lo mismo puedo estar echando un vistazo al móvil, leyendo algo en otra pantalla, como doblando la ropa o pelando patatas para la cena.

Y a esto también hay que añadirle el cansancio de estar anclado a una silla durante toda la clase, mirando constantemente una pantalla llena de estímulos visuales que nos llegan a sobrecargar. El caso es que mantener la atención de los alumnos en las clases en línea es más complicado que en las presenciales.

¿Qué son las micropausas?

El pasado verano tuve la oportunidad de asistir a un webinar en el que Maria Cerrato y Valentín Cózar hablaban sobre los periodos atencionales y las micropausas en la enseñanza online. Su charla resultó de lo más interesante, pues explicaban desde el punto de vista de la neurociencia, cómo funciona nuestro cerebro cuando aprende y qué aspectos nos ayudan a mantener la atención.

En esta charla nos explicaron que la atención es un mecanismo que nos permite estar alerta, ser más receptivos a estímulos y llevar a cabo tareas eficazmente. Por tanto, es un factor clave en el aprendizaje. Ya lo dice el gran investigador en neurociencia Francisco Mora: sin atención no hay aprendizaje ni memoria.

Hay que tener en cuenta que existen diversos tipos de atención. Uno de ellos es la atención focalizada, que es la capacidad de centrar nuestra atención en un estímulo. Y otro tipo es la atención sostenida, que se refiere a la capacidad de mantenerla. Intentar que no decaiga la atención durante periodos prolongados de tiempo hace que disminuyan los niveles de dopamina, que son los neurotransmisores relacionados con el placer y por tanto claves para el aprendizaje.

Mora sostiene que la atención plena tiene una duración limitada de entre diez y veinte minutos y pasado ese tiempo, decae. No obstante, afirma que si antes de cruzar ese límite paramos y durante un minuto incluimos otro discurso que rompa con el anterior (puede ser algo divertido o de relajación, por ejemplo), entonces se vuelve a recuperar la máxima atención.

Por tanto, es importante tener en cuenta los periodos atencionales y ser conscientes de la necesidad de restaurar la atención de nuestros alumnos. Las micropausas ayudan en este sentido, pues su objetivo es dar un respiro al cerebro para que pueda volver a activarse.

La frecuencia de las micropausas dependerá de varios factores. Por un lado, del contenido. En clases más densas, con una alta carga teórica, deberemos hacer micropausas más cortas, de medio minuto, pero más frecuentes, cada quince o veinte minutos.

Sin embargo, en clases donde haya más dinámicas y no se trabajen contenidos nuevos, podemos posponerlas, y una de minuto y medio en una sesión de cincuenta minutos sería suficiente.

Por otro lado, hay que tener en cuenta la edad de los estudiantes. Cuanto más jóvenes son, su capacidad de atención plena es menor, por ello, hay más necesidad de incluir micropausas en intervalos más cortos.

A la hora de diseñar micropausas barajamos ciertos aspectos como la sorpresa, la risa, la relajación, el descanso cognitivo y visual, el movimiento y las emociones positivas.

Muestras de micropausas

Veamos algunos ejemplos:

  • La profesora desaparece y vuelve con unas gafas de broma o una peluca, pretendiendo que no pasa nada. En este caso incluimos el factor sorpresa y probablemente la risa.
  • Con los ojos cerrados, hacer respiraciones profunda y lentamente, siendo conscientes de cómo entra y sale el aire de nuestro cuerpo. Esta micropausa se basa en la relajación y el descanso visual.
  • Dirígete a otra parte de la casa y cuenta los pasos que tardas en llegar hasta el ordenador. Con esta instrucción incluimos el movimiento.
  • Haz una pelota con un trozo de papel y trata de encestarla en algún sitio de tu habitación. También en este caso estamos usando el movimiento.
  • Ve a tu armario y trae una de tus prendas de ropa favorita, no hay que hablar sobre ella, solo enseñarla. Aquí apelamos a emociones positivas, además de al movimiento.

recomendaciones para organizar las micropausas

Algunos consejos a la hora de diseñar micropausas:

  • Evitar situaciones que requieran un esfuerzo cognitivo. Debemos tener cuidado y no terminar haciendo una actividad. No queremos ni enseñar algo nuevo, ni repasar o practicar contenidos. El objetivo es romper con lo que estamos haciendo y permitir al cerebro descansar. De hecho, en niveles iniciales, hay que diseñar micropausas muy simples, que se puedan explicar de manera muy visual, o incluso, si tenemos la posibilidad, podemos dar las instrucciones en su propia lengua materna.
  • Eludir actividades en las que los alumnos se puedan sentir ridículos. No pedirles que hagan algo que les haga sentirse incómodos o les produzca vergüenza. Si solo fuera el caso de algunos alumnos, permitirles apagar las cámaras mientras lo hacen.
  • No apelar a emociones negativas como puede ser el miedo, la tristeza, la frustración, etc. Por tanto, cuidado con evocar recuerdos, pues no sabemos qué emociones tiene cada alumno asociadas a ellos.
  • Evitar las comparaciones. No se trata de hacerlo mejor que otros, no hay puntos ni recompensas por hacerlo bien, simplemente intentarlo y divertirse.
  • No improvisarlas. Las micropausas hay que programarlas dentro de las sesiones, pues deben ser variadas para que resulten novedosas y mantengan ese efecto sorpresa.  Además, es muy probable que, si no las tenemos en mente, nos olvidemos de ellas o que no las hagamos atendiendo a los periodos atencionales. Si el cerebro está demasiado cansado, ya no surtirán el efecto deseado.

¿Se os ocurren otras ideas de micropausas para las clases en línea?


Eva CasarejosEste artículo ha sido escrito por Eva Casarejos, tutora en formacionele.com, la plataforma International House para la formación de profesores de español.

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