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Escuchar en el aula: una estrategia docente

Cuando analizamos el papel del profesor, generalmente nos centramos en su actuación: tono, velocidad y proyección de la voz, preguntas que realiza, adecuación del lenguaje empleado, entre otras. Muy pocas veces nos paramos a analizar lo que hacemos cuando nuestro rol es más pasivo y actuamos como receptores del discurso de nuestros estudiantes.

Olvidamos que la forma en la que escuchamos y el tipo de feedback que damos es tan importante como la información que facilitamos, ya que juega un papel clave en la motivación y en la sensación de avance en el aprendizaje.

Lo que entendemos como escucha es la combinación del acto físico de oír, discriminando el discurso de los factores ambientales, más el esfuerzo mental de interpretar el mensaje completándolo con una reacción. Es una de las herramientas más importantes para los profesores porque permite detectar logros y carencias, pero también es un elemento clave en la creación de confianza y de un ambiente propicio para el aprendizaje.

Está claro que deberíamos preguntarnos más a menudo si mostramos atención de forma adecuada o si damos una respuesta pertinente a lo que dicen nuestros estudiantes. Muchas veces se da por sentado que la escucha activa del docente es una función que siempre tenemos a pleno rendimiento y sobre la que no es necesario reflexionar.

Estrategias de escucha

Como es evidente existen diferentes tipos de escucha, ya que no desarrollamos las mismas tácticas al atender a una tarea comunicativa o al preguntar sobre lo que hicieron la tarde anterior. Para Scrivener (Classroom Management Techniques, Cambridge, 2012) el docente en clase utiliza fundamentalmente tres tipos de estrategias:

  • Escucha en conversación. La importamos directamente de la realidad y es la que utilizamos los nativos en las interacciones habituales, ya que nos permite disfrutar de la historia, pero al mismo tiempo nos permite participar de ella, completándola o pidiendo aclaraciones. Se caracteriza por producir bastantes pérdidas de información, ya que mientras escuchamos estamos elaborando una reacción o una posible respuesta con una historia propia.
  • Escucha analítica. Es aquella que utilizamos cuando estamos más atentos a la forma y básicamente es la que empleamos en la detección de errores. Analizamos el mensaje, evaluamos su adecuación y facilitamos información para que el estudiante pueda reelaborarlo de una forma más efectiva.
  • Escucha de apoyo. Es la que aplicamos cuando el estudiante tiene algo personal que comunicar. En ella aparecen gran cantidad de estrategias para mostrar atención plena a lo que nos están contando y no pretendemos reaccionar ni añadir una historia propia.

La diferencia entre las dos últimas y la primera es el nivel de atención; en la escucha analítica hay un alto grado de atención hacia el lenguaje y en la tercera nos centramos en la persona y en el mensaje. Quizá, la mayoría del tiempo lo ideal en el aula sería una escucha híbrida entre la analítica y la de apoyo, que permita variar la atención según el producto comunicativo que se esté produciendo, una escucha que nos ayude en la detección de imprecisiones sin perder de vista la consideración humana de la interacción.

Una escucha en conversación también debería tener su espacio, pues debemos ser conscientes de que, aunque sus finalidades didácticas son más restringidas, desde el punto de vista afectivo tiene un gran potencial, nos acerca y nos convierte en uno más que interrumpe, pierde información o necesita ciertas aclaraciones. Es evidente que este tipo de escucha participativa también supone un modelo de pragmática cultural para nuestros estudiantes, pues está impregnada de estrategias discursivas propias de la interacción que deberían conocer.

Recomendaciones

Aquí os dejamos algunas sugerencias para una escucha activa en el aula:

  • Debemos intentar evitar los pensamientos que nos conduzcan a juzgar la historia o al interlocutor, ya que pueden convertirse en distracciones e impedirnos la captación total del mensaje.
  • Hay que desterrar la idea de que tenemos que reaccionar siempre. Es mejor dosificar nuestras respuestas y reservarlas para momentos significativos donde el interlocutor espere realmente una reacción.
  • Deberíamos analizar y decidir en qué momentos de la clase es conveniente cada tipo de escucha, así como ejercitar cierta variación de atención en una misma situación. A veces nos sorprende la forma en la que el interlocutor modifica y aumenta su discurso si detecta que estamos en modo de apoyo.
  • Conviene evitar los gestos de distracción, así como las miradas prolongadas a los ojos del interlocutor. Lo primero puede evidenciar desinterés y lo segundo podría resultar intimidatorio o inadecuado desde el punto de vista cultural.
  • Es mejor ser transparentes con nuestras intenciones e incluso aclarar qué tipo de escucha vamos a realizar. Ganaremos en confianza y los estudiantes podrán elaborar su discurso centrándose en lo que importa en cada momento.
  • Nuestras clases suelen ser largas y es conveniente equilibrar los momentos de escucha analítica con otros con una atención más relajada, así evitaremos la sobrecarga cognitiva y el consiguiente cansancio.

¿Y vosotros? ¿Qué tipo de estrategias lleváis al aula para una escucha activa?

 


Juan de Dios López RaelEste artículo ha sido escrito por Juan de Dios López Rael, formador de profesores de español del centro Clic International House Sevilla y tutor en formacionele.com, la plataforma International House para la formación de profesores de español. Créditos de la imagen: Sebastien Wiertz.

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1 comentario en “Escuchar en el aula: una estrategia docente”

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