Un blog para profesores de español

Enseñar español con los cinco sentidos

Una de mis palabras preferidas es sinestesia, esa capacidad o defecto humano por el que eres capaz de activar un sentido cuando en realidad está funcionando otro (oler un color o palpar la música). Quizá llegar hasta este extremo sea difícil o imposible, pero, ¿por qué no enlazar los sentidos a todo lo que estamos conociendo, a nuestras nuevas experiencias con el español?

Usar la sinestesia en clase puede suponer un esfuerzo extra para el profesor, pero hoy te convenceré de lo útil y satisfactorio que puede ser. Aunque primero, recordemos los cinco sentidos: olfato, vista, tacto, oído y gusto. Intentemos que cada persona relacione la materia con su yo más primitivo de modo que se guarde de un modo profundo no solo en su memoria, sino en su cuerpo.

Ahora os propongo una serie de actividades para que los alumnos graben a fuego sus experiencias en clase gracias a sus cinco sentidos.

Desarrollar el sentido de la vista

Este es quizá uno de los sentidos más fáciles de trabajar. Llevar láminas de color, trabajar con fichas, etc., es lo básico. Pero, ¿y si juegas con tu material a lo extraño, lo bizarro o lo imposible?

  • Usa una ficha con imágenes de frutas, pero cámbiales el color: una naranja verde, un plátano azul, una fresa negra… ¿qué anda mal en cada fruta? Los alumnos recordarán esa actividad loca de su profesor y trabajarán varias destrezas al mismo tiempo: léxico, lógica, colores e ingenio.
  • Y tú, ¿cómo te vistes? Yo como profesora intento llevar colores alegres, despiertos, que permitan a mi alumnado seguirme con la vista. Mis camisetas también suelen llevar mensajes divertidos ¿te atreves a despertar su curiosidad?
  • Crea un mundo paralelo, donde los hombres visten ropa de mujer, los bebés van a trabajar o el cielo es el suelo. Escribamos un cuento sobre esas imágenes extrañas y narremos en pasado o futuro lo que está pasando.
  • Saca a un estudiante de clase, los demás tendrán que cambiar algo de su ropa o de sus complementos. Cuando entra el compañero… ¿qué ha cambiado? María lleva la pulsera de Antonio. Si te animas a llevar disfraces será aún más lúdico.
  • Usa cartelones con números, muévelos por la clase nombrando cifras: ¡1235! Ellos se mueven rápido para colocarse en orden.
  • Utiliza juegos visuales de la red, donde hay escaleras que suben y bajan o elefantes con más patas de lo normal. Hablemos en subjuntivo sobre lo que puede o no puede ser real. 

Desarrollar el sentido del olfato

¡Qué poco se trabaja el olfato en clase y qué gran desperdicio!

  • Lleva a tu clase varios tarros, cada uno tendrá un olor, algunos más agradables que otros. ¿Qué recuerdos les traen a tus estudiantes? ¿Qué piensan que son? ¿Qué frases podemos usar con esos olores? (qué peste, qué rico, qué fuerte). 
  • También podemos pedirles que traigan un olor desagradable y uno que les encante o simplemente que lo rememoren (dónde estaban cuando lo olieron, qué memorias trae a su mente…). Las posibilidades son infinitas. 
  • Convertimos la clase en un laboratorio. Con una serie de instrucciones (imperativo) tendrán que crear un olor determinado. Necesitaremos materiales, como algún aceite, perfumes, tarros, etc. 
  • Rascar y oler. Hay muchas publicaciones infantiles con olores que se desprenden al rascar. Y no solo eso, en los supermercados hay velas o perfumes que puedes rascar y oler. Lo podemos usar en clase o incluso ir a la tienda y pedirles que busquen objetos con determinadas fragancias. Trabajaremos vocabulario, destreza espacial, incluso podrán hablar con la gente de la tienda. 
  • Hagamos una lista de la compra, solo con olores: algo que huela a flores frescas, algo que huela a canela (trabajamos subjuntivo y vocabulario específico).
 

Desarrollar el sentido del tacto

Toquemos sin miedo (siempre y cuando haya confianza en clase) y con mucho sentido del humor. 

  • Cerremos los ojos y toquemos las superficies de clase. ¿Cómo es la mesa, la silla, la pared? ¿Cómo es la piel de tu compañero y su cabello? Roza tu ropa, ¿es suave o áspera? Cómo está tu café, ¿frío, caliente o templado? Trabajamos descripciones, vocabulario más o menos específico.
  • Los estudiantes juegan a adivinar dándose objetos entre sí: ¿Cómo se llama este objeto? ¿Qué crees que tiene Jason en las manos? 
  • Podemos vendarles los ojos y trabajar la confianza en el compañero. Gira a la izquierda, toca la mesa, rodéala por la izquierda, ve a la derecha, allí estará Mark, pónte detrás de él. 
  • El profesor también puede hacerse con diferentes muestras de tela o tejidos y permitir a los alumnos describir sus sensaciones: La lana ¿cómo te hace sentir? ¿a qué te recuerda?
  • Las cajas misteriosas, como en los concursos de la tele: ¿Qué hay dentro? ¿Es gelatinoso? ¿Es o está? ¿Qué podría ser? ¿Te da asco?
  • ¿Y si hacemos un dibujo con relieve? Lleva punzones, escribid palabras o frases que luego hay que adivinar y que se relacionen con lo que estáis trabajando. 
  • ¡Aprendamos braille! Puede ser divertido estudiar alguna palabra como los números e ir al ascensor a tocarlos.

Desarrollar el sentido del oído

Poner una canción está bien, pero… no es nada original.

  • Pongamos una historia solo con ruidos, se abre una puerta, un grito, una caída… ¿qué ha pasado? Narra la historia. 
  • Ve a un banco de sonidos como este. Podrás construir una historia o pedirles a los estudiantes que pongan sonido a un texto escrito o uno que ellos mismo hayan escrito previamente. 
  • Utiliza sonidos de objetos que ya no existen hoy día para narrar cómo era antes la vida y cómo es ahora: teléfono antiguo, un módem al conectarse a internet, por ejemplo. Los milenials ni siquiera sabrán qué están escuchando y será muy divertido. 
  • ¡Vayamos a la calle! Pidamos a los estudiantes que graben con su teléfono un sonido agradable, uno que odien, otro que les recuerde a su ciudad. Pueden oír fuentes, pájaros, playas (resultará fascinante ver la ciudad desde otro punto de vista). En clase pondrán el sonido y los compañeros adivinarán dónde ha sido grabado.
 

Desarrollar el sentido del gusto. ¡Mi favorito!

  • De nuevo, prepara varios tarros, esta vez con especias: sal, azúcar, canela… ¡Pruébalos! ¿Qué es? ¿A qué te recuerda? ¿Cómo se llama este sabor? Podemos ir a la cocina y experimentar con los ingredientes. Un grupo preparará algo que sea dulce, otro algo que sea salado. 
  • Hagamos una cata de vino o de tapas: ¿Cuál es la mejor? ¿qué cambiarías de este plato?
  • ¿A qué sabe este plato? Pongamos diferentes recetas del mundo que desconocen, hagamos conjeturas en subjuntivo. Veamos sus ingredientes y adivinemos su sabor. 
  • “Masterchef desastre”. Intentemos hacer la receta más horrible del mundo ¿Qué ingredientes le ponemos? ¿Cómo podríamos mejorarla o empeorarla? Hagamos un menú para Halloween: ojos de pescado, tripas de rata… ¿a qué sabrían estos platos? Hagamos hipótesis. 

Y eso es todo… o no. El mundo de los sentidos es tan amplio como nuestra imaginación. Dejemos que los alumnos experimenten, recojamos sus impresiones e ideas y hagamos nuestro portafolio sinestésico dotado de sabores y olores primarios para que nuestro español no sea solo cuestión de memoria consciente. 

Lo más de lo más sería construir un escape room sinestésico, donde solo puedan usar sus sentidos y el español, ¿te animas? Yo aún no he tenido tiempo de elaborarlo, pero sería una gran aventura para los estudiantes.

 

Vanesa CasadoEste artículo ha sido escrito por Vanesa Casado, profesora de CLIC International House Cádiz. Derechos de autor de la imagen de este post: Unsplash.


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