La corrección de la expresión escrita en el aula de ELE

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Leyendo un artículo anterior de nuestra compañera Sonia Eusebio, que nos hacía reflexionar sobre la corrección del error en la clase, me pregunté si sería la corrección el factor que más inseguridad genera a los participantes de los cursos de formación de profesores durante sus prácticas.

Con esta idea en la cabeza, se me ocurrió hacer un sondeo entre los futuros profesores y mis sospechas se vieron confirmadas: la corrección fue uno de los aspectos más mencionados.

El hecho es que la teoría se entiende perfectamente y hasta resulta obvia: crear una actitud positiva hacia el error, no corregirlo todo sino centrarse en lo relevante para el estudiante, tener en cuenta diferentes tipos de errores, involucrar a los estudiantes en la corrección, corregir según el tipo de actividad.

Sin embargo, al dar la clase se pone en evidencia la complejidad del asunto, lo que hace que se convierta en uno de los aspectos recurrentes en las sesiones de feedback.

En las producciones orales podemos dejar pasar muchos errores sin corregir, al fin y al cabo, las palabras se las lleva el viento. Nos sentimos quizás “menos culpables” si nos dejamos errores en el tintero, pero ¿qué pasa con las producciones escritas? Aquí ya hay variedad de opiniones.

Algunos profesores se sienten en la obligación de corregirlo todo, porque los errores escritos están mucho menos aceptados que los orales, y porque el alumno no se puede ir a casa con una producción escrita llena de incorrecciones. Otros piensan que corregirlo todo es contraproducente para el estudiante, porque puede frustrarlo o desmotivarlo.

Reflexionar y actuar sobre la corrección de la expresión escrita

Cuando hablamos en el curso de formación sobre el tratamiento del error en las actividades comunicativas de expresión escrita, suelen surgir este tipo de comentarios:

  • Entonces, ¿cuándo tengo que corregir?, ¿recojo los textos, los corrijo en casa y se los devuelvo al día siguiente?

Hay que contemplar la corrección no exclusivamente cuando el producto está terminado, sino durante el proceso, cuando la corrección va a ayudar al estudiante a mejorar su escrito. De esta forma, no es un fin en sí mismo, sino un medio para realizar la tarea asignada, por lo tanto debemos planificar tiempo para la corrección en el aula.

  • Si no es rentable corregirlo todo, ¿qué corrijo?

Dependerá tanto del requisito de la tarea como de algunas características de los alumnos. No obstante, hay que centrarse en los errores que más dificulten la comprensión. Por eso, no solo los gramaticales y léxicos, que son los que detectamos a la primera, sino también los errores de adecuación, coherencia y cohesión.

Asimismo, no debemos olvidar hacer correcciones positivas, marcando los aspectos que el alumno haya conseguido plasmar correctamente en sus producciones, nunca está de más dar refuerzo positivo.

  • ¿Cómo corregimos?, ¿damos las soluciones nosotros o solo marcamos los errores?

Dependerá del tipo de error. Si es una incorrección que sabemos que el alumno será capaz de deducir o se trata de una falta por descuido, podemos marcarle el error para que se autocorrija. De lo contrario, quizás sea más conveniente que el profesor dé la solución correcta junto con una explicación que le permita entenderlo.

  • Claro, también en la producción escrita no solo corrige el profesor, hay que fomentar la autocorrección y la corrección interactiva entre los estudiantes, pero dudo que sepan corregirse.

Pues tendrán que aprender. Hay que invertir tiempo para enseñar a nuestros alumnos a corregir y hacerles así más responsables de su propio aprendizaje.

Para empezar, habrá que averiguar qué entienden ellos como error, hacerles conscientes de los diferentes tipos (de adecuación, de coherencia, de cohesión), y por supuesto, practicar, primero con actividades de percepción (por ejemplo, a través de textos con incorrecciones marcadas para que reflexionen sobre el tipo de error).

  • Pero los estudiantes se esperan que yo les corrija, es el papel del profesor.

Los estudiantes, al igual que nosotros mismos, tienen sus propias creencias sobre cómo se enseña y se aprende, creencias que muchas veces vienen sustentadas por experiencias previas con el aprendizaje de idiomas.

Por ello, es importante negociar con los alumnos la forma de corregir los textos escritos y explicarles las ventajas que tiene llegar a ser capaz de corregirse de forma autónoma.

Después de estas y otras reflexiones sobre el tratamiento del error, a los estudiantes les queda claro que la corrección es una herramienta muy valiosa en el aprendizaje y que requiere su tiempo y dedicación, no solo en casa como deberes para el profesor o para el alumno, sino como recurso didáctico en el aula.

 


Eva CasarejosEste artículo ha sido escrito por Eva Casarejos, tutora en formacionele.com, la plataforma International House para la formación de profesores de español. Créditos de la imagen:

 

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