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Diez consejos para tu primer día como profesor/a de español

Todavía recuerdo mi primera clase de español que di. Por supuesto, me preparé a fondo, apenas dormí esa noche y llegué al aula con muchas ilusiones y miedos. Lo peor fue, paradójicamente, que olvidé llevar agua y una hora más tarde estaba casi sin voz. Lo mejor de aquel día fue que la alumna, era una clase privada, quedó encantada con la lección.

Como sé lo difícil que es encarar el primer día de clase, decidí escribir este listado de consejos para aquellos profesores que están formándose y que aún no saben qué esperar de este loco y maravilloso mundo de la enseñanza del español como lengua extranjera. Vamos a ello.

Qué debemos tener en cuenta el primer día de clase

  • ¡Necesito hablar inglés! Para nada, ya que desde tu primera lección hablarás español. Sí que necesitarás gestualizar, buscar fotografías, tararear, incluso saltar y hacer el mono para hacerte entender. Tómatelo como una sesión de gimnasio, sobre todo en niveles bajos, y aprovecha para divertirte y que los alumnos también se lo pasen pipa mientras desgranáis los secretos del idioma. Evidentemente, hablar otro idioma te ayudará a entender mejor las estructuras lingüísticas de las que parten tus alumnos,  incluso te facilitará entenderles cuando se vean abocados a hablar su lengua materna.
  • Tengo clase y no conozco al alumno ni su nivel ¡Socorro! En este caso necesitas tener un material multinivel. En mis primeras clases siempre uso los mismos recursos: un material que me nos permite hablar, con vocabulario sencillo, pero con alguna sorpresa, que cree intriga en el alumno y, a veces, que le ponga los pies sobre la tierra (para alumnos “muy exigentes”). El nivel lo irás marcando tú sobre la marcha durante esa primera sesión. Por ejemplo, yo tengo un Test de españolidad en el que solamente marcarán sí/no sobre diferentes preguntas del tipo: ¿Duermes siesta? ¿Has preparado un plato español alguna vez? ¿Conoces algún refrán? Tras realizarlo charlaremos animadamente sobre estos temas y es en ese momento cuando puedo ir infiriendo sus necesidades y sus fortalezas. De ese modo la siguiente sesión la preparo con total confianza sobre el nivel real de los estudiantes.
  • Debo tener un plan B, un plan C y hasta un plan Z. Sí, pero no. Tener muchos planes sobre la mesa nos da seguridad, pero también nos puede crear ansiedad por no saber por dónde empezar. Organiza tu material, crea una estructura flexible en cada sesión e improvisa si ves que la clase no va por donde debe ir. Cuando hablo de improvisar, me refiero a usar ese plan B o C, pero intenta seguir tu idea original y confiar en el material que has preparado.
  • Me da vergüenza preguntar a mis compañeros. A veces la solución está delante de tus narices, pero no la ves porque no tienes experiencia o estás demasiado nervioso. No tengas miedo de pedir consejo o material a quienes llevan años en la profesión. Ellos te orientarán y te darán otra visión de tus clases. Un mismo material puede ser usado de diferentes formas, pregúntales cómo le sacan partido ellos.
  • Estoy como un flan. Lo sé, yo también lo estaba, pero cuando entras en el aula debe empezar el show y no dejar que los “espectadores” noten tus nervios. Los estudiantes a veces son muy crueles y a la mínima muestra de debilidad se quejan de que su profesor no está cualificado. Considera que tú eres el director de esta película y los alumnos tus actores; ellos deben ir a tu compás y no al revés. ¿Cómo hacerlo? Muy fácil, antes de entrar en el aula piensa que no hay nada que perder, que estás ante personas de carne y hueso. Hazles reír, ríete con ellos. Rompe el hielo, interésate por sus vidas, cuéntales algo personal e interesante, haceos cómplices y que sepan que tú estás allí para ayudar. Y si tienes algún fallo, ¡perfecto! Hazles ver que ante un error rectificas con toda naturalidad y quítale hierro al asunto.
  • Mis alumnos están muy serios o no participan ¿no les gusta la clase? Esta pregunta me la he hecho muchas veces y tengo que decirte que no eres tú, son ellos. Ante tal situación puedes hacer dos cosas. La primera hablarlo directamente: ¿Todo bien? ¿Entendéis la clase? ¿Hay algún problema? Si realmente pasa algo, te lo dirán y podréis solucionarlo. Si todo está correcto, entonces, simplemente son ellos, es su carácter. He tenido alumnos de quince años más serios que mi profesor de matemáticas (que aún recuerdo con terror), al igual que he tenido señoras de ochenta con más vitalidad que una chiquilla. La nacionalidad, la edad y sobre todo el carácter pueden determinar sus actitudes en clase, y ante esto poco podemos hacer más que sonreír, enseñar y ser cordiales. ¡Ánimo y que tu energía no decaiga!
  • Debo seguir el libro al pie de la letra. Rotundamente no. Pero sí es cierto que cuando empiezas en este mundo el libro es tu mejor amigo, es tu guía y te permite hacer una clase equilibrada sin necesidad de programar por tu cuenta. Así que en tus primeras clases consulta el libro del profesor, haz tu esquema y adelante. Con el tiempo aprenderás a quitar y poner actividades, a ampliarlas o recortarlas y a incluir tu propio material, ese que siempre funciona y que te da confianza. Si en el libro hay una actividad que no te funciona de ninguna manera, elimínala de tu vida, incluso aunque a otro profesor si le vaya bien.
  • Necesito horas para preparar las clases y no tengo vida propia. Al principio será así, incluso durante meses. Otros docentes te aconsejarán que no dediques tanto tiempo, pero debes hacer lo que necesites para ir seguro a clase (pero duerme, por favor, duerme). Con el tiempo verás como no necesitarás más que un pequeño repaso para programarte el día y podrás dedicarte a tareas más lúdicas como crear nuevos materiales, leer libros de formación o irte a la playa a olvidarte de todo.
  • ¡Hola, me llamo Vanesa y es mi primera clase! Nunca digas que es tu primera clase o que llevas poco tiempo. ¿Qué pensarías si vas al médico y te dice: «Hola, eres mi primer paciente»? Seguramente saldrías corriendo a buscar un doctor con más experiencia. Todos somos novatos alguna vez, pero no por eso somos malos profesionales. Además, ¿para qué sirve dar esa información? ¿Estarás más tranquilo? ¿Tendrás más seguridad? Posiblemente no, así que guárdate esa información.
  • Tengo miedo a preguntas que no sé responder. Tengo una mala noticia: te harán algunas preguntas para las que no tendrás respuesta, pero sí que las tendrás para la mayoría. Con el tiempo incluso podrás prever estas cuestiones y responderlas antes de que las formulen (siempre digo que puedo leer la mente). Ante estas dudas puedes hacer varias cosas: pídeles que lo busquen en el diccionario o en internet. Mientras, investiga tú también. Si la cuestión se va a tratar en un nivel superior, diles que es una respuesta compleja e intenta hacerles un pequeño esbozo, pero no entres en detalles (en nivel A1 preguntan sobre el subjuntivo, por ejemplo). Si la pregunta es muy subjetiva, explica que depende de la situación y ponles ejemplos. Si no entienden y vuelven a preguntar, permíteles que un compañero lo explique o dile que lo expondrás al día siguiente con más detalle, así tendrás tiempo para reflexionar y encontrar material de apoyo adecuado.

Por último, el consejo más valioso que puedes llevarte es que seguramente durante tus primeras lecciones vas a aprender tanto de tus errores como de tus éxitos, y sobre todo, entenderás que no hay mejor maestro que tus propios estudiantes.


Vanesa CasadoEste artículo ha sido escrito por Vanesa Casado, profesora de CLIC International House Cádiz. Derechos de autor de la imagen de este post: Shutterstock.


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