Salud y expresividad de la voz en el manejo de la clase

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En los estudios de canto son obligatorias las asignaturas sobre la voz como instrumento y la educación auditiva. Sin embargo, en los estudios relacionados con las ciencias de la educación no se recoge ninguna asignatura dedicada a una de las principales herramientas del docente: la voz.

Del mismo modo que un cantante ha de aprender a conocer su voz para aprovechar al máximo sus posibilidades musicales y conservarla saludable, todo docente debería tomar conciencia de cómo usar su voz para favorecer el adecuado manejo de la clase sin que se resientan sus cuerdas vocales.

En el caso del profesor de español LSE (como lengua segunda o extranjera) el estudio de la voz debería ser, en mayor medida, una necesidad ya que sirve a la vez como modelo y como un recurso más de aprendizaje.

En este artículo me propongo dar algunas recomendaciones que puedan conjugar el uso didáctico de la voz con la voz saludable. Me he guiado por las recomendaciones de Rivas, Bastanzuri y Olivera (2013).

Recomendaciones para el uso de la voz

Uso saludableFunción didáctica
Beber durante la clase pequeños sorbos de agua.Aprovecha cada vez que los alumnos comiencen una actividad para beber un poco de agua. Esta actitud relaja a los alumnos por crear un clima más cercano e informal. Recomienda a tus alumnos que también beban un poco de agua durante la clase. Esto influye en su rendimiento mental.
Evita las transiciones bruscas de la voz.Cuando quieras captar la atención de los alumnos puedes hacerlo con un tono de voz algo más elevado sin perder de referencia el espacio del aula. No debemos gritar en espacios pequeños. En los espacios más grandes, debemos concentrar nuestra atención en los alumnos del final para asegurar que llega adecuadamente la voz. Si es necesario, debes usar un micro. Cuando quieras crear un clima de relajación y confianza, puedes bajar el tono y sentarte. Los alumnos saben por la voz cuando estamos supervisando su producción y cuando nos centramos en el hecho comunicativo.
Dirige tu voz a la audiencia.Es frecuente que por las prisas o los vicios adquiridos hablemos cuando escribimos en la pizarra o solo miremos al que nos ha preguntado. Si no hablamos ni miramos a algunos alumnos durante la clase tienden a desconectar.
No eleves la voz por encima del ruido general de la clase.Si tienes que detener una actividad donde los alumnos hacen mucho ruido busca estrategias para no gritar: apagar la luz, subir el volumen de la música o pedir a los primeros alumnos que vayan callando a sus compañeros.
Respira adecuadamente mientras hablas. El aire debe salir desde “la barriga” tal y como respiran los bebes en una cuna. Si sale desde la parte superior del pecho obstruye las cuerdas vocales y produce afonías.Un profesor con una voz con suficiente cantidad de aire al hablar no se estresa y atrae la atención de sus alumnos. Debemos acostumbrarnos a hacer suficientes pausas para respirar adecuadamente y para que los alumnos tengan tiempo de entender lo que decimos.
Evita apretar los dientes y cerrar mucho la boca al hablar ya que obstruye el paso natural del aire.Un profesor que vocaliza y abre suficientemente la boca es entendido mejor por sus alumnos.
Cuida las posturas al hablar. Hay que estar de pie cuando queremos llegar con claridad a todos, con el pecho abierto, la cabeza en línea recta a la mirada de los alumnos y los hombros hacia atrás. Es mejor borrar la pizarra de arriba abajo porque no afecta a las cuerdas vocales.El cuerpo comunica tanto o más que la voz: da seguridad y crea confianza. Si borramos la pizarra de arriba abajo nos permite ir borrando por columnas (vocabulario, gramática, errores de los alumnos).
Busca tu tono (grave/agudo) adecuado.Los tonos naturales hacen que los alumnos desarrollen una voz empática y se cree un clima óptimo de aprendizaje. Grábate con el móvil durante una clase y vigila si es tu tono natural o está algo afectado.
Evita carraspear o toser.Cuando tosemos llamamos la atención de los alumnos y pierden la concentración en lo que están haciendo.
Si estás haciendo un esfuerzo físico no hables.Si estamos moviendo las mesas, recogiendo una pila de libros, borrando la pizarra es mejor no hablar y pedir a los alumnos que te ayuden. Esto los implica más en la gestión de la clase.
Evita hablar susurrando ya que perjudica a las cuerdas vocales.Si estás en una actividad y quieres hablar bajo con un alumno sin molestar a los demás, ayúdate del cuerpo, señala en el papel o el libro o escríbele lo que necesite saber. Esto desarrolla la integración de destrezas.

Para conseguir una voz didáctica y saludable empieza por grabarte varias veces impartiendo clase y analizando tus patrones fónicos recurrentes.


Francisco HerreraEste artículo ha sido escrito por Antonio Orta, tutor en formacionele.com, la plataforma International House para la formacion de profesores de español. Imagen de portada de este artículo: Pixabay.

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La corrección de la expresión escrita en el aula de ELE

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Leyendo un artículo anterior de nuestra compañera Sonia Eusebio, que nos hacía reflexionar sobre la corrección del error en la clase, me pregunté si sería la corrección el factor que más inseguridad genera a los participantes de los cursos de formación de profesores durante sus prácticas.

Con esta idea en la cabeza, se me ocurrió hacer un sondeo entre los futuros profesores y mis sospechas se vieron confirmadas: la corrección fue uno de los aspectos más mencionados.

El hecho es que la teoría se entiende perfectamente y hasta resulta obvia: crear una actitud positiva hacia el error, no corregirlo todo sino centrarse en lo relevante para el estudiante, tener en cuenta diferentes tipos de errores, involucrar a los estudiantes en la corrección, corregir según el tipo de actividad.

Sin embargo, al dar la clase se pone en evidencia la complejidad del asunto, lo que hace que se convierta en uno de los aspectos recurrentes en las sesiones de feedback.

En las producciones orales podemos dejar pasar muchos errores sin corregir, al fin y al cabo, las palabras se las lleva el viento. Nos sentimos quizás “menos culpables” si nos dejamos errores en el tintero, pero ¿qué pasa con las producciones escritas? Aquí ya hay variedad de opiniones.

Algunos profesores se sienten en la obligación de corregirlo todo, porque los errores escritos están mucho menos aceptados que los orales, y porque el alumno no se puede ir a casa con una producción escrita llena de incorrecciones. Otros piensan que corregirlo todo es contraproducente para el estudiante, porque puede frustrarlo o desmotivarlo.

Reflexionar y actuar sobre la corrección de la expresión escrita

Cuando hablamos en el curso de formación sobre el tratamiento del error en las actividades comunicativas de expresión escrita, suelen surgir este tipo de comentarios:

  • Entonces, ¿cuándo tengo que corregir?, ¿recojo los textos, los corrijo en casa y se los devuelvo al día siguiente?

Hay que contemplar la corrección no exclusivamente cuando el producto está terminado, sino durante el proceso, cuando la corrección va a ayudar al estudiante a mejorar su escrito. De esta forma, no es un fin en sí mismo, sino un medio para realizar la tarea asignada, por lo tanto debemos planificar tiempo para la corrección en el aula.

  • Si no es rentable corregirlo todo, ¿qué corrijo?

Dependerá tanto del requisito de la tarea como de algunas características de los alumnos. No obstante, hay que centrarse en los errores que más dificulten la comprensión. Por eso, no solo los gramaticales y léxicos, que son los que detectamos a la primera, sino también los errores de adecuación, coherencia y cohesión.

Asimismo, no debemos olvidar hacer correcciones positivas, marcando los aspectos que el alumno haya conseguido plasmar correctamente en sus producciones, nunca está de más dar refuerzo positivo.

  • ¿Cómo corregimos?, ¿damos las soluciones nosotros o solo marcamos los errores?

Dependerá del tipo de error. Si es una incorrección que sabemos que el alumno será capaz de deducir o se trata de una falta por descuido, podemos marcarle el error para que se autocorrija. De lo contrario, quizás sea más conveniente que el profesor dé la solución correcta junto con una explicación que le permita entenderlo.

  • Claro, también en la producción escrita no solo corrige el profesor, hay que fomentar la autocorrección y la corrección interactiva entre los estudiantes, pero dudo que sepan corregirse.

Pues tendrán que aprender. Hay que invertir tiempo para enseñar a nuestros alumnos a corregir y hacerles así más responsables de su propio aprendizaje.

Para empezar, habrá que averiguar qué entienden ellos como error, hacerles conscientes de los diferentes tipos (de adecuación, de coherencia, de cohesión), y por supuesto, practicar, primero con actividades de percepción (por ejemplo, a través de textos con incorrecciones marcadas para que reflexionen sobre el tipo de error).

  • Pero los estudiantes se esperan que yo les corrija, es el papel del profesor.

Los estudiantes, al igual que nosotros mismos, tienen sus propias creencias sobre cómo se enseña y se aprende, creencias que muchas veces vienen sustentadas por experiencias previas con el aprendizaje de idiomas.

Por ello, es importante negociar con los alumnos la forma de corregir los textos escritos y explicarles las ventajas que tiene llegar a ser capaz de corregirse de forma autónoma.

Después de estas y otras reflexiones sobre el tratamiento del error, a los estudiantes les queda claro que la corrección es una herramienta muy valiosa en el aprendizaje y que requiere su tiempo y dedicación, no solo en casa como deberes para el profesor o para el alumno, sino como recurso didáctico en el aula.

 


Eva CasarejosEste artículo ha sido escrito por Eva Casarejos, tutora en formacionele.com, la plataforma International House para la formación de profesores de español. Créditos de la imagen:

 

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