El manual en mis clases de español ¿una ayuda o un obstáculo? (y II)

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Siguiendo con el análisis sobre los usos del manual en las clases de español, en este artículo nos vamos a centrar en el rol del docente. Entre los múltiples papeles del profesor consideramos que los cuatro que expondremos a continuación son esenciales para el desarrollo de la habilidad para adaptar materiales en la clase.

El profesor es planificador de clases y actividades

Su valor [el de los libros de texto] es, pues, relativo ya que constituyen tan solo una herramienta a la que el profesor o profesora no puede ceder la responsabilidad de la planificación […] sin riesgo de reducir su competencia a la de un mero ejecutor técnico de instrucciones didácticas ajenas (Carlos Lomas y Manuel Vera, “Los libros de texto”, en Revista Textos, tercer número, pág. 36).

Es difícil hallar el equilibrio entre lo que aporta el libro y lo que modifica el profesor, pero tal como se ha mencionado anteriormente, el manual debe ser únicamente el marco que sirva de guía para llevar a cabo la planificación. El profesor tiene que saber “moldearlo” a su conveniencia, pensando siempre en sus alumnos.

El profesor es coordinador y organizador de la clase, del ambiente del aula y del comportamiento de los alumnos

Igual que un director, el profesor organiza y dirige los objetivos, los contenidos, los materiales, la disposición de la infraestructura del aula y a los participantes del curso, a fin de formar un conjunto procesual, dinámico y coherente. La cooperación entre todos es la base para lograr el objetivo terminal: el dominio del español. El instrumento primordial que está a disposición del profesor es la lengua. A través del habla, el profesor organiza e implementa actividades, forma grupos de aprendizaje, los coordina, aporta informaciones, da explicaciones, etc (Giovanni, A.; Martín Peris, E.; Rodríguez, M.; y Simón, T. 1996, Profesor en acción 1. Madrid, Edelsa, pág 60).

Una de las tareas del profesor es  lograr que las actividades propuestas en el manual, y seleccionadas por él, sean entendidas por el alumno y que, por tanto,  puedan llevarse a cabo,  para eso es esencial el lenguaje que utiliza en las instrucciones.  Parafraseando a Williams y Burden (Williams, M. y Burden, R. 1999,  Psicología para profesores de idiomas. Enfoque del constructivismo social. CUP, Madrid)  las instrucciones que se dan en el aula proporcionan al alumno un input valioso y auténtico. Encontrar las formas de transmitir claras intenciones y comprobar que se entienden no es tarea fácil, por eso hacer un ejemplo  que le muestre al alumno qué camino ha de seguir para llegar al resultado propuesto resulta imprescindible. Las indicaciones escritas que ofrece el libro no pueden sustituir a las instrucciones ofrecidas por el profesor.

El profesor es motivador del interés y la confianza de los alumnos

Si se quiere que el aprendizaje sea provechoso, resulta de vital importancia que los profesores creen en el aula un ambiente en el que se fomente la confianza, […] en el que se valoren todas las contribuciones y en el que las actividades produzcan sentimientos de éxito y no de fracaso (Williams y Burden, 1999) .

El profesor confía en que sus estudiantes son capaces de realizar las tareas propuestas y es importante que transmita el mensaje para fomentar la autoconfianza de “sois capaces”.  Según el Plan Curricular del Instituto Cervantes  los procedimientos de aprendizaje van condicionados por la tarea y dentro de los factores afectivos hay que tener en cuenta que no todos los alumnos se sentirán bien haciendo lo que propone el manual. El profesor tomará decisiones (asignación de papeles dentro del grupo, variación de las dinámicas…) que ayuden a sus alumnos a regular sus emociones y así mejorar el rendimiento y la eficacia.

El profesor es transmisor de conocimientos

El Diccionario de Términos clave de ELE refleja que uno de los aspectos que debemos tener en cuenta en el libro del alumno es el fomento de la cognición:

El libro no solo se presenta como un proyecto de acción sino que también incluye datos sobre la observación de, y la reflexión sobre, la acción;  indica los procedimientos empleados para observar el desarrollo y eficacia de la propuesta y de cada uno de sus momentos, que impliquen a alumnos y profesor; propone actividades de reflexión de los alumnos sobre los conocimientos adquiridos, el recorrido realizado, los procesos seguidos.

Junto con el manual el profesor es la principal fuente de input en el aula, sobre todo en contexto de no inmersión. Si el libro utilizado ha de fomentar la metacognición, el profesor ha de erigirse en su papel de facilitador y guiar al alumnado en ese procesamiento de la información. Fomentar la autonomía del estudiante es otro de los papeles fundamentales del profesor. Todo esto solo es posible con manuales que tengan como fundamento metodológico la flexibilidad de las unidades y de las actividades.

Algunas conclusiones

  • Es cierto que el manual ideal no existe, pero el que más se acerca a ese calificativo es aquel que permite al profesor desempeñar todos sus papeles.
  • La responsabilidad de planificar y organizar la clase es del profesor y el libro debe permitir y facilitar esta labor.
  • Un buen manual debe servir tanto a los profesores noveles, a los que da apoyo y les ayuda a seguir una secuencia lógica, como a los profesores expertos, que sacan un mayor partido de su uso. Estos últimos normalmente ya han desarrollado la habilidad de adaptación y pueden salirse más fácilmente del guión sin riesgo a perderse.
  • El uso de manual no debe ser interpretado como muestra de incompetencia del profesor o falta de formación. El libro debe ser el recurso principal que adaptamos, modificamos y complementamos.

¿Y tú? ¿Qué papel le das al libro de texto en tu clase?


Sonia EusebioEste artículo ha sido escrito por Anabel de Dios, tutora en formacionele.com, la plataforma International House para la formación de profesores de español. Imagen de portada de este artículo: CLIC International House Sevilla.


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El manual en mis clases de español ¿una ayuda o un obstáculo? (I)

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El uso en el aula de idiomas de materiales didácticos previamente diseñados ha sido objeto de diferente consideración en los distintos movimientos de renovación pedagógica sucedidos a lo largo del  siglo XX y se han establecido dos corrientes de pensamiento, a favor y en contra de su utilización.

A favor de la utilización de los materiales en general y del libro de texto en concreto está, por un lado, la perspectiva más tradicional que señala la ventaja de estos usos para unificar la acción docente y, por otro, los cognitivistas que piensan que su uso puede favorecer determinados procesos mentales. Desde esta posición el libro de texto, como principal soporte de los materiales, se entiende como un marco que ayuda al alumnado a organizar su aprendizaje y como la herramienta que le da confianza al profesor al mismo tiempo que le facilita su labor.

Entre los que muestran reticencias al uso de materiales previamente elaborados  está la visión humanista y socioconstructivista que defiende la elaboración de materiales dentro del aula,  ya que reflejan fielmente el recorrido y resultado del proceso de aprendizaje. Los detractores del uso del libro de texto argumentan que este tiene un carácter predeterminado y que el profesor corre el peligro de convertirse en una mera “llave de paso”.

¿Qué piensan los profesores?

Hay creencias para las dos tendencias como reflejan los resultados recogidos en un sondeo elaborado en 2014 desde nuestro centro a profesores de diferentes características (lugar de trabajo, experiencia, contexto de enseñanza) con el fin de determinar si el uso del manual es una ayuda u obstáculo en nuestras clases. Estos son algunos de sus comentarios cuando se les preguntó por la conveniencia o no de utilizar un libro de texto en sus clases:

1. “Considero que [el libro] me ayuda mucho, tanto para planificar mis clases como a la hora de asegurarme de que cubro todos los contenidos y objetivos propios del nivel”.
2. “No sigo ningún manual a no ser que me lo impongan. A día de hoy no he visto un manual adecuado para poder utilizar como guía en una clase. En algunos el ritmo del manual es lentísimo, y en otros faltan contenidos lingüísticos importantes para mí”.
3. “En general, no me gusta seguir un solo libro, pero creo que es más cómodo para el profesor y le implica menos trabajo”.
4. “Para mí, el inconveniente del uso de libros en clase es que no se adapta bien a las necesidades que van surgiendo sobre la marcha. Los libros me resultan muy “rígidos”. Cuando he usado libros, al final siempre he tenido que tirar de fotocopias para complementar, reforzar, proponer ejercicios diferentes, etc.”.
5. “Está claro que cada profesor le da una “chispa” diferente a una misma actividad, lo que nos dice que cualquier manual se puede personalizar al gusto. En ocasiones, cambio el orden de algunas actividades o de las unidades (a veces he llegado a saltarme alguna cuyo tema pienso que no interesa mucho al alumno)… y de vez en cuando uso las ideas pero las dinamizo un poquito: me parece importante cerrar algún rato el libro en la clase o poner a los estudiantes en movimiento”.
6. “El manual ideal no existe, es el uso que se hace de este manual el que puede aproximarlo a ese ideal y en eso la profesionalidad, experiencia y gestión del tiempo del profesor tiene mucha importancia. La presencia de un manual me ayuda a preparar  las clases y a llevarlas a cabo y también contribuye a que los alumnos tengan una base que apoye su aprendizaje y puedan percibir más notoriamente el progreso del curso”.

En los comentarios 1, 3 y 6 los profesores confirman los argumentos de la conveniencia del uso de manual. En 2 y 4 se evidencia el principal problema de los libros de texto: van destinados a un público global y pueden no responder a los intereses y necesidades de nuestro grupo meta. En este caso, la solución pasa por la adaptación del manual, como se indica en los comentarios 5 y 6.

¿Y qué piensan los investigadores?

Richards (2001, descarga el PDF) comienza su artículo analizando las ventajas y desventajas del uso de manual en las clases de idiomas. Algunas de las conclusiones que se pueden extraer después de su lectura, y que coinciden bastante con las creencias reflejadas en los comentarios anteriores, son:

  • No existe el manual ideal, solo hay manuales más o menos adecuados a una situación.
  • Los libros de texto rara vez pueden usarse sin adaptación para hacerlos más adecuados al contexto en el que van a ser utilizados. Esta adaptación puede hacerse de varias maneras: modificando, añadiendo, eliminando o reorganizando contenidos y modificando o ampliando tareas.
  • Una habilidad esencial que los profesores deben desarrollar es la capacidad de adaptar de manera apropiada los libros de texto publicados. Habilidad que consiste en saber sortear los inconvenientes que nos encontramos con el uso del manual para transformarlos en ventajas.

En una enseñanza centrada en el alumno, este es el eje sobre el que giran todas las decisiones curriculares y puesto que el material idóneo para cada grupo no está publicado, la clave del éxito de su uso está en la capacidad del profesor en elegir, adaptar y utilizar correctamente los materiales (Ezeiza, 2007, descarga el PDF).  Tener una planificación con temas y secuencias definidas previamente puede obstaculizar la creencia de que el alumno es el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje, por tanto para hacer un buen uso de un libro de texto, sin detrimento del protagonismo del alumnado, es fundamental la actuación del profesor, al que el manual debe permitir desempeñar sus principales papeles.

La próxima semana continuaremos con la segunda parte de este artículo.


Sonia EusebioEste artículo ha sido escrito por Anabel de Dios, tutora en formacionele.com, la plataforma International House para la formación de profesores de español. Imagen de portada de este artículo: Shutterstock.


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La importancia de los porqués: explotar la competencia sociocultural en clase

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Actualmente, dentro del ámbito de la enseñanza de segundas lenguas, ya no se considera un idioma como un sistema de estructuras y reglas, sino como una herramienta de comunicación. Por eso, para que nuestros alumnos sean competentes comunicativamente tienen que adquirir muchos otros conocimientos además de los lingüísticos, como por ejemplo aspectos culturales de la sociedad de su lengua meta. Cuando me refiero a aspectos culturales no me refiero a estereotipos como “en España se duerme la siesta”, sino a crear consciencia intercultural, lo que el Marco Común Europeo de Referencia (MCER) recoge dentro del conocimiento declarativo (el saber) de las competencias generales.

A continuación, expongo dos casos reales que ejemplifican todo esto:

 

Caso 1: ¿Ser una persona abierta significa ser maleducado?

Un día estábamos haciendo una actividad para memorizar y practicar nuevo vocabulario sobre adjetivos de carácter. Los estudiantes eran de diferentes nacionalidades: tres estadounidenses, un francés, tres chinos y un coreano. En parejas los alumnos tenían que escribir la definición de un par de adjetivos de carácter que habían sido presentados antes. Una vez que el profesor había corregido la producción escrita, los alumnos tenían que leerla al grupo y el resto tenían que adivinar el adjetivo al que se referían.

Dos estadounidenses escribieron: “Es una persona a la que le gusta hablar de sus sentimientos”. La respuesta era “abierto/a” o “extrovertido/a”. Para mi sorpresa, el coreano contestó “maleducado/a”. En un principio pensé que no había entendido u oído bien la definición, así que les pedí que la leyeran otra vez. Esta vez el coreano contestó: “sí, sí, maleducado”. En ese momento es cuando le pregunté que por qué era esa su respuesta, a lo que el respondió que en su país hablar de los sentimientos, sobre todo si son negativos, es de mala educación. El debate se abrió en clase sobre los valores o creencias de las diferentes culturas.

 

Caso 2: “En Japón se comen muchos sushis” ¿Correcto?

En otra clase de otro nivel, los estudiantes estaban practicando el “se” impersonal hablando de sus países, para encontrar similitudes y diferencias. Habían visto modelos como por ejemplo “En Francia se producen muchos vinos” (elidiendo que se producen muchos tipos de vino). Una estudiante japonesa dijo “En Japón se comen muchos sushis” a lo que yo le corregí “En Japón se come mucho sushi”. La estudiante no entendía esta corrección basándose en el modelo visto sobre Francia y preguntó por qué no se puede decir en plural. En este caso el debate se abrió sobre el concepto de sushi que se tiene en el mundo occidental (como un único tipo de comida) y el que se tiene en el mundo oriental (como varios).

Los profesores de ELE tenemos que ser conscientes de que el origen de algunos errores, o en algunos casos, malentendidos de nuestros alumnos no tienen relación con su competencia lingüística, sino con su competencia sociocultural. Estos dos ejemplos reflejan claramente que los aspectos socioculturales no se deben trabajar aisladamente en clase, sino que, a través de las actividades que proponemos como profesores, podemos hacer consciente al alumno de la relación entre el conocimiento del mundo de origen y el mundo de la comunidad objeto. En definitiva, hacer conscientes a nuestros estudiantes de que su concepción del mundo es un factor que determina el filtro con el que ven el comportamiento, valores, creencias, etc. de la comunidad de la lengua que estudian.

¿Qué dice el Marco Común?

El MCER hace una lista de las áreas de una cultura que pueden ser objeto del conocimiento sociocultural:

  • la vida cotidiana
  • las condiciones de vida
  • las relaciones personales
  • los valores, creencias y actitudes
  • el lenguaje corporal
  • las convenciones sociales
  • el comportamiento ritual

En consecuencia, si trabajamos esta competencia en clase, no solo les va a ayudar a tomar conciencia de estas diferencias, sino también a evitar posibles conflictos o malentendidos a la hora de comunicarse.

De ahí que todo profesor de ELE debería trabajar la competencia sociocultural y tenerla presente a la hora de planificar sus clases. No obstante, como hemos visto, muchas veces en clase se producen momentos en los que también se puede desarrollar esta competencia, aunque no se haya planificado. Si se aprovechan o no estos momentos dependerá de la actitud del docente ante el aspecto sociocultural de la lengua, de su toma de decisiones, del espacio que dé a sus alumnos para poder acercar sus culturas, e intentar entre todos dar respuesta a algunos de los porqués que surgen en el aula.

Como dice Lourdes Miquel en su artículo “Lengua y cultura desde una perspectiva pragmática: algunos ejemplos aplicados al español [PDF]”Los actos de habla, que, como realizaciones concretas de las intenciones comunicativas de los hablantes, son, en cierta medida, actos de cultura, resultado de la conjunción de una serie de reglas propias de la comunidad lingüística, tienen que poder ser analizados desde todos los aspectos que en ellos inciden, no limitándose a la descripción de estructuras, sino incluyendo, también, posibles explicaciones sobre los presupuestos, expectativas, actitudes, comportamientos y lo que Gumperz (1979) llama “convenciones contextuales”.

¿Qué pensáis vosotros sobre esta cuestión? ¿Qué tipo de malentendidos socioculturales se han dado en vuestras aulas?

 


Marta GonzálezEste artículo ha sido escrito por Marta González, tutora en formacionele.com, la plataforma International House para la formacion de profesores de español. Imagen de portada de este artículo: Shutterstock.

¿Qué papel le damos a los materiales en la clase de español?

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A poco que se observe se puede ver fácilmente que la relación entre los docentes y el material de aprendizaje es la clásica de amor y odio. Sólo hay que hacer la siguiente prueba: dirígete a la sala de profesores de tu escuela y deja sobre la mesa una novedad editorial. En cuestión de minutos tendrás a varias personas revisando con interés el material y casi de forma instantánea criticándolo.

Es bastante probable que alguien incluso suelte el clásico: “Esto lo podría hacer yo mejor”. A menudo la relación pasa de flechazo a decepción en apenas unos instantes. Nos sobra con echar un vistazo a la portada o al índice y ya lo hemos incluido entre nuestras filias o nuestras fobias.

La mayoría de las críticas se centran en aspectos muy concretos: la autenticidad de las muestras, la adecuación al nivel de clase, la secuenciación de actividades y, por supuesto, el aspecto gráfico de esos materiales. Algunos de estos criterios se pueden achacar a los autores y editores, pero otros son cuestiones responsabilidad del propio docente.

¿Y esto por qué ocurre?

En mi opinión este divorcio entre expectativas y realidades se puede evitar teniendo en cuanta algunas cuestiones que definen el papel que podemos y debemos dar a los materiales dentro de nuestra clase:

  • El proceso de creación de materiales exige una serie de competencias más allá de las puramente docentes, por lo que parece buena idea ponerse en manos de profesionales que cuentan con el tiempo, los medios y la experiencia necesaria para crearlos y evaluarlos de manera adecuada.
  • Los materiales publicados, ya sea por una empresa editorial de prestigio o por un profesor de manera personal en su propio blog, están diseñados para una situación de aprendizaje específica, más o menos amplia. Teniendo en cuenta que hay unos veinte millones de estudiantes de español en el mundo, pensar que algún tipo de material de enseñanza puede servir para llegar a todos ellos no tiene sentido. Es imposible, por lo tanto, que les pidamos un alto grado de estandarización.
  • Cualquier material NO ES MÁS que una propuesta. Excepto en aquellos contextos en los que vienen impuestos por cuestiones curriculares, el profesor puede adaptar los materiales a las necesidades específicas de cada situación de aprendizaje. Por lo tanto, buena parte de su eficacia depende de la capacidad de gestión del docente.
  • Y al mismo tiempo cualquier material ES MÁS que una propuesta. Si desgajamos un texto, una actividad o una secuencia de la tarea más amplia, probablemente estemos desvirtuando su sentido y creando, por lo tanto, una nueva situación que los autores no habían planteado originalmente. De nuevo, la responsabilidad final recae sobre el profesor, que decide cómo y cuándo usar esas piezas obviando el plan de trabajo para el que fueron creadas.

Buscando soluciones

A partir de estos presupuestos hay unas cuantas acciones que podemos llevar a cabo para integrar de una manera más natural el uso de estos materiales en nuestra gestión del aula. Aquí os dejaré algunas propuestas que mi compañero Antonio Orta utiliza en su clases:

  • Incorpora a los alumnos en la toma de decisiones, preguntándoles qué materiales les han interesado más y por qué.
  • Ya que estás, pídele a tus alumnos incluso que participen en la selección y el diseño de esos materiales.
  • Trae elementos de la vida diaria, para enriquecer el plan de trabajo con propuestas auténticas (carteles, folletos, menús).
  • Aprovecha los recursos digitales para llevar el aula a las redes sociales (blogs, podcast, vídeos).
  • Aporta incluso elementos que no necesariamente sean productos comunicativos. Cuando toque explicar los alimentos, lleva fruta a clase, por ejemplo.

Y estas son sólo algunos planteamientos. Estoy seguro de que si los ponemos en común, surgirán un montón de ideas más.

 


Francisco HerreraEste artículo ha sido escrito por Francisco Herrera, director del centro Clic International House Cádiz, coordinador y tutor en formacionele.com, la plataforma International House para la formacion de profesores de español. Derechos de autor de la imagen de este post: GotCredit.

Método comunicativo ¿apto para todos los públicos? El caso J.Pi

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Más allá del método está el aprendiente

En el artículo de Sonia Eusebio sobre el postmétodo podemos leer que los estudiantes construyen significados a partir de sus conocimientos previos, de sus estilos cognitivos y tipo de inteligencia, de sus estrategias, de su cultura, de su biografía como aprendiz, de su personalidad. Sin duda estamos hablando de sus competencias generales según el MCER,  aquellos que hacen del aprendiente un ser único en el aula. ¿Significa que debemos adaptar el método comunicativo al estilo del estudiante? ¿Implica un método distinto para cada estudiante? ¿Qué aspectos del método comunicativo cambiamos? Parece plausible, aunque no fácil, adaptarnos como pie a un calcetín de media cuando solo tenemos un pie, una clase particular, pero ¿y si tenemos más pies?

 ¿Quién es J.Pi y por qué lo he elegido para este artículo sobre el método comunicativo?

Y sin embargo creo que fue él quien me eligió a mí para reflexionar sobre el aspecto fundamental de que no existe una única forma de hacer las cosas. Esto efectivamente me lleva a pensar que quizá J. Pi y yo saldríamos beneficiados de este intercambio de experiencias.

J.Pi: Canadiense , mayor de 50 , prejubilado, con tiempo libre e inquietudes. Aterriza en Barcelona con el ánimo y la esperanza de progresar en su aprendizaje del español. Un aprendizaje autodidacta que empezó hace un año con la ayuda de un paquete de cedés y un librito de instrucciones. Tras una prueba de nivel, ha conseguido con este sistema un A2, ¡aplausos! No sabemos si en ese año mantuvo algún tipo de intercambio lingüístico.

Estudiante de carácter amigable, reservado y disciplinado. Es la primera vez que estudia español en el país y con un grupo de nueve estudiantes de diferentes nacionalidades, en un curso intensivo de cuatro horas, de lunes a viernes. El primer día parece sentirse algo fascinado, el segundo en cambio bien aturdido. Al final de la mañana J. Pi quiere hablar conmigo: Me resulta muy difícil este nivel. Yo, muy perplej,a reconozco que es verdad que muestra dificultades para captar el sentido, el objetivo de algunas actividades, pero por lo demás, colma mis expectativas. Pensé que necesitaba tiempo para adaptarse a la metodología, así que me propuse bajar la velocidad y prestarle más atención.

Sin embargo, al final de la segunda mañana me rogó que lo cambiara de nivel, porque la clase le resultaba caótica y ruidosa, Necesito algo más estructurado y ordenado. Entiendo que J.Pi, que ha estudiado con un método más receptivo que productivo, y a solas, viva el método comunicativo como una experiencia caótica y ruidosa, sin duda una pequeña revolución.

 Sigo investigando el caso

No obstante indago cuál es el sentido de sus palabras y hablando con él averiguo que la clase para él es caótica porque no identifica claramente el objetico lingüístico de las actividades que resuelve. El objetivo extralingüístico de algunas prácticas de lenguaje desconcierta a J.Pi porque pierde de vista el objetivo lingüístico que debe poner en práctica con ellas. Incluso, los docentes, dejándonos llevar por el aspecto comunicativo de las actividades de lenguaje, podemos demostrar más interés en qué dicen que en cómo lo dicen, esquivando el aspecto formal de la corrección. Si no corregimos a J.Pi, no reconocerá el objetivo lingüístico que está poniendo en práctica y no entenderá del todo el sentido de lo que está haciendo.

J.Pi reconoce cierta coherencia de la clase, la siente como una secuencia de actividades que están cosidas con el mismo hilo temático, pero para él una clase debe ser ante todo una tabla de ejercicios de entrenamiento. Con el método comunicativo la secuencia de actividades lleva al grupo a resolver una situación comunicativa, una tarea final, un símil de la realidad que quizá J.Pi no encuentre del todo ni tan útil ni tan real ni tan gramatical. ¿Por qué no compartimos con nuestros estudiantes los principios del enfoque por tareas?

A J.Pi l clase también le parece ruidosa por el aspecto oral de las comunicaciones y el cambio frecuente de dinámicas. Él lo interpreta como un motivo docente de dar ritmo y movimiento a la clase. Quizá debamos dejarle más claro para qué lo hacemos: para acercar posturas, compartir conocimiento, negociar.

¿Debería haberle convencido de que el método comunicativo es más eficaz que el suyo? O ¿debería primero tratar de conocer qué le funciona del suyo? Se trata de conocer su forma de trabajar para preservar lo que le funciona. No se trata de imponer, sino de proponer el método comunicativo haciendo los ajustes necesarios para valorar juntos su eficacia. Es decir, poner en marcha un aprendizaje significativo para ambos.

La realidad y la sinceridad de J.Pi se impone, solo va a estudiar dos semanas español en Barcelona y no quiere experimentar nada nuevo. Insiste en bajar de nivel. Al día siguiente J.Pi cambió de clase, de un A2 pasó a un A1, no le importó la diferencia de nivel, estaba más cómodo y se sentía más seguro en un grupo donde había menos movimiento , más silencios, se hablaba menos y todo parecía más controlado.

 ¿Cuál fue mi aprendizaje significativo con J.Pi?

Ante todo no empeñarme en lo que el estudiante no quiere hacer. Él tiene sus razones como nosotros las nuestras para hacer lo que hacemos. Con J.Pi no tuve la oportunidad de poner en marcha una reforma, pero este conflicto me sirvió de reflexión para una nueva intención docente: más transparencia en la metodología y hacer que intervengan más los aprendientes en la planificación y en la gestión de la clase.

¿Y eso cómo lo hacemos?

  • ¿Significa que debemos adaptar el método comunicativo al estilo del estudiante? Si.
  • ¿Implica un método distinto para cada estudiante? No necesariamente.
  • ¿Qué aspectos del método comunicativo cambiamos? Los necesarios.
  • ¿Qué aspectos del método comunicativo mantenemos? Los efectivos.

Confío en haber dado algunas pistas para responder a estas preguntas con más amplitud, no obstante, os animo a retomarlas y ampliarlas con la experiencia y el riesgo. En el próximo artículo recogeré vuestras aportaciones con el caso W.Fred, así que espero vuestros comentarios.

Si te ha interesado esta publicación a lo mejor te apetece echarle un vistazo a nuestros cursos de formación de profesores de español o seguirnos en Facebook.

 


Geni AlonsoEste artículo ha sido escrito por Susana Ortiz, tutora en formacionele.com, la plataforma International House para la formacion de profesores de español. Derechos de autor de la imagen de este artículo: formacionele.com

Sobre el uso de las imágenes en el aula de español

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La utilización de fotografías o imágenes es una herramienta tan útil como frecuente en clase de español, ya sea con personas que tengan un estilo de aprendizaje más visual como para el resto de los estudiantes. En la actualidad, con el acceso a las tecnologías digitales, contamos además con elementos visuales prácticamente en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana, por lo que resulta lógico que el estudiante cuente con estas herramientas también en el aula.

Son muchos los autores que hablan de la fuerza y el potencial de las imágenes en la enseñanza de idiomas. Ben Goldstein advierte que las imágenes no solo tienen un significado por sí mismas, sino que suman un significado añadido según estén distribuidas de un modo u otro en relación otros elementos […], tanto visuales como textuales. Por su parte, Jane Arnold, en su libro ¡Imagínate!, señala la importancia de las imágenes mentales como un poderoso recurso para el aprendizaje ya que todos podemos acceder a ellas solo con nuestra imaginación. Además, Arnold indica que estas están relacionadas con el procesamiento y el almacenaje de información, que es la base del aprendizaje, con lo que su utilización en la enseñanza se vuelve incuestionable.

Si alguien nos pide que no pensemos en un elefante rosa, será precisamente esa la imagen que nos venga a la cabeza. Se trata de un conocido ejemplo empleado por Daniel Wegner en el campo de la psicología para explicar su teoría de los procesos irónicos. Este concepto refuerza el tremendo poder de las imágenes por sí mismas, lo que las convierte en fuente para desarrollar estrategias que facilitan el aprendizaje de manera instintiva y eficaz.

Las imágenes nos permiten crear una historia, debatir sobre un tema, reflexionar sobre una situación. Tienen también la capacidad de emocionar, sugerir, hacernos recordar, y nos ayudan a comprender palabras y situaciones culturales que de otra forma serían mucho más difíciles de explicar, sin olvidar que facilitan la motivación y la recepción del estudiante, y añaden dos ingredientes extra muy potentes: la curiosidad y la creatividad.

¿Podemos usar las imágenes para las diferentes fases de la clase? Claro que sí. En primer lugar, sirven para contextualizar y motivar al estudiante, sacar ideas previas y activar conocimientos sobre un tema, por ejemplo, las vacaciones al ver una playa desierta. También para la presentación del lenguaje y para practicar vocabulario relacionando palabras con su significado, con otra imagen (como si fuera el juego del memory).

Y por último, para actividades comunicativas como ordenar una historia y escribir los diálogos, imaginar la vida de alguien o comenzar un debate, es decir, favorecer conversaciones auténticas que surgen a partir de una imagen, tal y como hacemos de forma cotidiana.

Este año, los cursos de formación de profesores de español de International House cumplen 30 años y en el material para profesores publicando en su aniversario encontramos estas fotografías, un material muy útil en el aula, ya que pueden ser un buen apoyo para mejorar diferentes destrezas y se pueden usar en todos los niveles adaptándolas al objetivo de la clase.

¿Se te ocurren otros ejemplos con tarjetas de este tipo para desarrollar alguna actividad completando la secuencia de aprendizaje?

 


Elena GarcíaEste artículo ha sido escrito por Elena García Romeralo, profesora de español y formadora de profesores en CLIC International House Sevilla Imagen de portada de este artículo: CLIC International House Sevilla.

Tareas para desarrollar profesores de español competentes y competitivos (y II)

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Nota previa: esta entrada es la continuación de este otro artículo.

Para ayudarnos en la descripción de los aspectos que consideramos fundamentales en el desarrollo del profesorado de español, nos hemos basado en algunos de los principios metodológicos que Elena Verdía y Beatriz Arribas (2016) definieron en la presentación de su herramienta reguladora de la calidad de los cursos.

Creemos que cinco son los elementos imprescindibles que deben estar presentes en un curso de formación:

 

1. Debe estar compuesto por tareas verdaderamente significativas para un profesor.

Esto le permitirá al profesor conectar la teoría con la práctica del aula y con las que pueda evaluar si está adquiriendo los objetivos, deberán estar descritos en forma de competencias.

Por lo tanto, los asistentes a un curso deben saber cuáles son las competencias que van a adquirir (qué van a ser capaces de hacer) y las tareas  que van a realizar para ello.

Algunas de estas competencias y tareas que deben formar parte de un curso de formación  podrían ser :

Competencias Tareas
  • Analizar las principales teorías y métodos de aprendizaje de idiomas
  • Enfrentarse a una clase real
  • Impartir clases de español tutorizadas en al menos dos niveles, documentadas y evaluadas positivamente
  • Adaptar la teoría general de aprendizaje y enseñanza al contexto particular de la institución y de las necesidades específicas del alumnado
  • Planificar una sesión o partes de una sesión teniendo en cuenta el syllabus, las necesidades de los distintos aprendientes y el material del que dispone
  • Anticipar problemas que puedan surgir en la clase de índole lingüística y preparar posibles soluciones adecuadas para los aprendientes en los niveles A1 a B2
  • Preparar actividades que contemplen la competencia digital
  • Analizar y seleccionar los recursos, manuales y materiales didácticos  disponibles en papel y en internet
  • Redactar planes de clase
  • Evaluar dando una retroalimentación clara a los alumnos sobre los puntos fuertes y sobre aquellos que deben mejorar para establecer prioridades en el trabajo individual
  • Preparar un cuestionario para evaluar a los alumnos

 

2. Debe basarse en el aprendizaje significativo.

Un aspecto muy importante en cualquier tipo de aprendizaje es que los aprendientes puedan relacionar sus conocimientos previos y experiencias con la nueva información. Esta es  la base del aprendizaje significativo y una de las aportaciones más importantes del constructivismo.

Es imprescindible crear espacios y tareas donde los formandos compartan esas experiencias y conocimientos. Esto además permitirá a los tutores conocer el contexto y la situación de donde vienen.

Una tarea para ello podría ser la redacción de un punto de partida respondiendo a preguntas que permitan a los participantes ser conscientes de sus creencias y con el que puedan autoevaluar sus conocimientos sobre diferentes aspectos relacionados con la enseñanza del ELE.

También se deberán  incluir en el primer día de curso actividades de conocimiento como la mano, la estrella, los cuestionarios, que sirvan a este fin.

 

3. Debe construir el aprendizaje a partir de la interacción

Sabemos que, desde una visión socioconstructivista del aprendizaje, la interacción es la forma en la que se aprende y se construye significado. Desde esta concepción, el profesor es un facilitador, que guía, dirige, estimula el intercambio de puntos de vista entre los participantes. Por tanto, el trabajo en equipo y en grupos cooperativos debe ser la base metodológica de los cursos de formación.

 

4. Debe fabricar conocimiento desde la reflexión

Desde esa visión socioconstructivista del aprendizaje, el formando debe construir su propio conocimiento a partir de una reflexión crítica (sistemática y pautada) sobre lo experimentado. Esta reflexión, parafraseando al profesor del Instituto Cervantes de Sao Paulo, Gregorio Pérez (2008),  debe ir más allá de una forma de reflexión meramente intuitiva: recogiendo datos acerca de su labor, examinando sus habilidades, sus actitudes, su práctica docente.

Elaborar un diario de aprendizaje sobre cada sesión teórica y práctica puede ser una buena herramienta de formación. Ayuda al participante a reflexionar sobre lo experimentado, le obliga a revisar conceptos y le facilita tomar conciencia de su evolución.

Estos diarios deberán contemplar tres pasos:

  • la recogida de datos (por ejemplo, de la actuación propia y de los compañeros mediante fichas de observación u otros instrumentos),
  • su análisis posterior (comentario grupal dirigido por el tutor, en el que este ayuda a la conceptualización, a relacionar lo visto en la teoría con la práctica) y
  • la toma consciente de decisiones (lo que llamaremos el plan de acción).

 

5. Debe establecer vínculos con el mundo real

De nada serviría un curso que forma profesores competentes y competitivos, si no se trabaja durante el curso con casos reales:

  • Preparando clases e implementándolas.
  • Analizando materiales de enseñanza, producciones de los alumnos.
  • Observando clases reales o videos de profesores experimentados.
  • Incluyendo un espacio en el que se pueda aprender diferentes recursos e instrumentos de organización de un departamento: clasificación de alumnos por grupos, registro de la actuación de los profesores, reuniones de intercambio de materiales y opiniones sobre los grupos.
  • Participando dentro de los posible en las actividades extraacadémicas que la instituciones organiza para sus estudiantes.

Terminamos ya con el convencimiento de que el profesor de español es uno de los docentes mejor formado y más interesado en su desarrollo profesional. El número de participantes en los diferentes cursos de especialización y másteres, así lo de demuestra.

 

Para saber más sobre el tema:

Arribas, B. y Verdía, E. (2015): “Mejorar la formación de profesores: una herramienta de autorregulación para formadores” en XXIV Encuentro práctico de profesores de Barcelona. International House Barcelona.

Matei, G.S. , Bernaus, M., Heyworth, F., Pohl,U., Wright, T. (2008): First steps in teacher training: A practical guide – “The TrainEd Kit”.

Pérez, G. (2008): “El enfoque reflexivo en la enseñanza de ELE: la competencia docente y el desarrollo profesional“.

 


Sonia EusebioEste artículo ha sido escrito por Sonia Eusebio Hermira, tutora en formacionele.com, la plataforma International House para la formacion de profesores de español. Imagen de portada de este artículo: Clic International House Cádiz.

Tareas para desarrollar profesores de español competentes y competitivos (I)

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El español: una lengua viva es el título con el que el Instituto Cervantes ha presentado su informe sobre la enseñanza del español para el año 2016. Es un enunciado entusiasta que nos anima a seguir trabajando. Y es que tenemos razones para estar contentos, porque los números están a nuestro favor: el español continúa en auge, tanto en el crecimiento de número de hablantes (es la segunda lengua del mundo por número de hablantes nativos, con más de 472 millones y también la segunda en un cómputo global de hablantes: dominio nativo + competencia limitada + estudiantes de español), como en el aumento de personas interesadas en su estudio, ya que el español disputa con el francés y con el chino mandarín el segundo puesto en la clasificación de idiomas más estudiados como segunda lengua.

Las cifras constatan que la demanda del español ha crecido: más de 21 millones de alumnos estudian español como lengua extranjera. Este hecho ha originado que los medios de comunicación se interesen por la profesión de docente de español y así, desde hace algún tiempo, venimos encontrando en varios soportes, diversos artículos preocupados por las opciones formativas de, según ellos, esta nueva profesión: el docente de español. También, la crisis económica ha ayudado o ha forzado a que muchos profesionales de otros sectores se planteen la enseñanza del español como salida laboral en el extranjero. Todo esto ha provocado que crezca el interés por la formación específica y, con esto, que aumente la oferta formativa.

Las instituciones que llevábamos ya muchos años apostando por una enseñanza de calidad y que veníamos reivindicando la figura del docente de español, como un profesional formado y cualificado, ante esta realidad, aumentamos el celo por mantener la excelencia de nuestros cursos, y pusimos especial cuidado y empeño en continuar formando profesores competentes y competitivos; no se trataba de adaptarnos al nuevo perfil de participantes, sino de transmitir a este nuevo profesional la necesidad de que exigiera una formación de calidad que le permitiera la integración en el mercado laboral de la enseñanza del español como lengua extranjera.

Por todo esto, mucho más que nunca, nos interesa definir y describir qué debe componer un curso que forme a profesores competentes y competitivos, y que responda a las necesidades de la persona que decide invertir tiempo y dinero en esta formación. Todos los que nos dedicamos a la enseñanza y a la formación coincidimos en que un profesor competente es el que tiene conocimientos, habilidades y actitudes que le permiten desenvolverse con eficacia en el aula.

La respuesta a la pregunta sobre qué conocimientos, habilidades y actitudes debe saber un profesor de idiomas podemos agradecérsela al Instituto Cervantes y a las otras once instituciones europeas que materializaron toda la teoría al respecto en la parrilla EPG (European Profilind Grid), en la que se describen las competencias profesionales del docente de idiomas (en seis estadios de desarrollo y 13 categorías). Pero creemos también, y lo situamos en el mismo nivel de importancia, que para nuestro desarrollo profesional es fundamental saber reflexionar sobre nuestra actuación docente.

Así, pensamos que para preparar a profesores competentes y, por tanto, competitivos, los planes de formación deben atender al desarrollo de la competencia docente (conocimientos y actuación)  y estar construidos desde la base de un aprendizaje reflexivo. Los cursos deben servir al propósito de desarrollar profesores reflexivos, críticos y creativos.

En la siguiente entrada del blog trataremos de definir qué actividades o tareas debe contemplar una actividad formativa de calidad.


Sonia EusebioEste artículo ha sido escrito por Sonia Eusebio Hermira, tutora en formacionele.com, la plataforma International House para la formacion de profesores de español. Imagen de portada de este artículo: Clic International House Cádiz.

La diversidad en el aula de español y un disléxico: el caso Benjamin

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¿Cuál es la diversidad que podemos encontrar en un grupo de diez estudiantes y un disléxico de nivel A1? Pues la diversidad de once estudiantes únicos y diferentes que circunstancialmente comparten un aula y un nivel. Si las pruebas de nivel solo atienden a la competencia lingüística del estudiante no tenemos en cuenta que este puede tener mejor competencia lingüística que sociocultural, por ejemplo. Si tuviéramos en cuenta todas las competencias comunicativas de la lengua (lingüística, pragmática, sociolingüística, sociocultural, y estratégica) y estas formaran parte de las pruebas de evaluación incial, nos encontraríamos aún con una mayor diversidad en el aula.

Por otra parte, si en este tipo de analisis previo tuviéramos en cuenta las competencias generales esta diversidad sería aún mayor:

  • competencia existencial: cada uno es cómo es,
  • capacidad de aprender, cada uno aprende como aprende,
  • conocimiento declarativo, cada uno sabe lo que sabe del mundo y
  • habilidades y destrezas, cada uno es hábil en lo que es hábil.

El caso Benjamin

En el último curso de formación de profesores conocimos a Benjamin. Benjamin es adulto, suizo y cocinero, lleva viviendo en Barcelona unos meses y se ha matriculado en un curso de español de tres semanas impartido por profesores en prácticas.

Benjamin padecía de bloqueos frecuentes. Los profesores noveles, inexpertos, pero con una gran voluntad de servicio se preguntaban si es que no sabía lo que tenía que hacer o si no tenía interés por hacerlo. Benjamin respondía siempre con la misma declaración: Soy disléxico. Fueron tantas las veces que se repitió la fórmula que se convirtió en un meme, algo viral que se reproducía entre los profesores. Sin duda, Benjamin hacía patente la importancia de la identidad del estudiante cuando se enfrenta al aprendizaje de un idioma. Él se describía a sí mismo con una etiqueta que bien podría segregarlo del grupo. Sin embargo, nosotros decidimos incluirlo en ese mismo grupo, probando diferentes tipos de agrupamientos y permitiéndole la realización de actividades en parejas cuando estas eran individuales. Esta fue nuestra primera estrategia.

Está claro que nos interesa saber cómo son nuestros alumnos como aprendices y no tanto qué son. Sin embargo, para saber cómo es Benjamin como aprendiente, tenemos que investigar un poco sobre qué es la dislexia. La dislexia es un trastorno del aprendizaje de la lectoescritura, de carácter persistente y específico, que se da en niños que no presentan ningún handicap físico, psíquico ni sociocultural y cuyo origen parece derivar de una alteración del neurodesarrollo. Sin embargo, tener dificultades para iniciarse en la lectoescritura puede tener repercusiones en el desarrollo de la identidad, en su forma de aprender, en cómo se siente, en su psique y en las relaciones sociales que establece. Con la dislexia se convive toda la vida, solo que con el tiempo y la experiencia el adulto adquiere estrategias para sortearla. Pero, ¿qué ocurre cuando un adulto con dislexia aprende otro idioma? Sin duda Benjamin fue una extraordinaria oportunidad para observar, analizar y reflexionar sobre cómo funcionan estas estrategias. Pudimos entender por qué a veces se fatigaba, perdía la concentración, se distraía y rechazaba algunos tipos de tareas, como por ejemplo las escritas. Poneos en su lugar, se sentía como si de repente, cualquiera de nosotros, nos viéramos inmersos sin conocimientos previos en una clase de caligrafía china.

Estrategias de enseñanza y estrategias de aprendizaje

Primero, tenemos que conocer a Benjamin en todas las dimensiones de su identidad: qué significa para él aprender, qué sentimientos y emociones le genera y qué estrategias tiene para hacerlo. Se lo podemos preguntar, hacer feedback continuo y tomar nota de lo observado durante la clase (incluso grabar vídeos). En relación a su grupo, debemos identificar cuáles son los objetivos de aprendizaje para todos y cuáles los específicos para Benjamin, elegir los materiales, recursos y soportes adecuados para ello, variar la duración de actividades y probar diferentes agrupamientos. El análisis de la gramática es un objetivo general para todos, pero con Benjamín requiere hacerlo de otra forma, más tiempo para las reflexiones, más reflexión compartida en parejas sobre el uso de la lengua, más visibilidad en las formas gramaticales, pintando, por ejemplo, las terminaciones de la conjugación del presente de indicativo en un color y los cambios de irregularidad en otro.

Para concluir os voy a contar una anécdota que tiene implicaciones en el caso de Benjamin. Cuando estudiaba en la universidad empezaban a poner rampas de fácil acceso para los discapacitados en sillas de ruedas. Descubrí que la mayoría de nosotros usábamos las rampas en lugar de las escaleras. Entonces, me pregunté: si las rampas son buenas para todos ¿por qué no eliminamos la escalera?

Trabajar con Benjamín nos enseñó a todos. Adaptarnos a sus estrategias de aprendizaje hizo que adoptáramos otras de enseñanza buenas para todos. Resulta que todos somos diferentes y únicos, por lo tanto : aprendemos más y mejor cuando resolvemos actividades con otros compañeros y cambiamos de pareja, cuando trabajamos con una variedad mayor de tipología de actividades, cuando tenemos tiempo suficiente para resolver la actividades, cuando el análisis de la lengua lo hacemos pensando en voz alta y coloreándolo.

Trabajar con la diversidad es una oportunidad para reflexionar sobre nuestra práctica docente, todo un reto para nosotros, porque adquirimos nuevas competencias y esto nos hace ser más diversos, es decir, mejores.

¡Gracias Benjamin por tu infinita paciencia!

 


Geni AlonsoEste artículo ha sido escrito por Susana Ortiz, tutora en formacionele.com, la plataforma International House para la formacion de profesores de español. Derechos de autor de la imagen de este artículo: Ben+Sam.

¿De qué manera llevamos la tecnología al aula de español?

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Cuando se discute sobre educación en la actualidad, más tarde o más temprano se acaba tratando cuestiones relacionadas con el papel de la tecnología en los procesos de enseñanza y aprendizaje. El discurso oficial subraya, a menudo de forma acrítica, las bondades de los usos tecnológicos en el ámbito educativo, dando por hecho que la competencia digital de los docentes es la adecuada para llevar a cabo este trasvase de conocimientos y habilidades.

Cuando no es es así, se planifican programas de formación que insisten en una visión absolutamente instrumentalista de la cuestión: los profesores aprenden a manejar programas, aplicaciones y dispositivos, pero se dejan atrás aquellos conceptos que sirven como puentes entre la orilla tecnológica y la propiamente educativa. En la enseñanza de segundas lenguas en general y del español en particular la situación es la misma. Nuestros profesores aprenden a utilizar Kahoot, pero a menudo no lo insertan dentro de una práctica docente eficaz.

No hay que olvidar que el papel de la tecnología en el aula va más allá de lo puramente técnico. Con las nuevas posibilidades digitales los roles del enseñante y el discente se difuminan y el conocimiento se distribuye en diferentes direcciones y no en una sola vía. En este sentido hay que tener en cuenta al menos estas tres dimensiones de lo didáctico-digital:

Aprendizaje por difusión. Emergente, expandido, ubicuo, invisible, rizomático, son algunos de los adjetivos que intentan redefinir la idea de aprendizaje y ampliarla para incluir en él una serie de características que lo diferencian del concepto clásico de naturaleza lineal, basado en el currículo. Estamos hablando, por lo tanto, de un aprendizaje difuso y difundido, que surge de las redes y vuelve continuamente a ellas. En la adquisición de una segunda lengua, un proceso enmarcado absolutamente en el ámbito comunicativo, donde la interacción y la producción son fundamentales, esta naturaleza difusa del aprendizaje se hace aún más evidente.

Enfoque lúdico. Ya sea a través del uso de juegos en el aula, creando materiales lúdicos específicos para el aprendizaje o utilizando elementos del diseño de juegos en el contexto de la adquisición de segundas lenguas, los docentes encuentran en este enfoque poderosísimas herramientas para encauzar la motivación y multiplicar la implicación de los participantes en el proceso de mejorar su competencia comunicativa en un idioma extranjero. Cuando la gamificación se realiza de manera significativa tenemos la posibilidad de acceder a un entorno de aprendizaje en el que primará la participación y la creatividad.

Centralidad de la narrativa. Es innegabe que el ser humano cuenta con una enorme capacidad para transmitir información y emoción a través de las estructuras narrativas. Las historias, los cuentos, las anécdotas nos permiten empaquetar experiencias y transmitirlas de una forma natural a la comunidad. En este sentido, la tecnología nos permite multiplicar enormemente las posibildades narrativas, pasando de la multimodalidad al transmedia (entendido como el uso de diferentes canales para transmitir un mensaje, aprovechando las posibilidades de cada uno de los medios) y al crossmedia (definiendo este como una forma descentralizada del transmedia), gracias a los espacios del storytelling digital.

Nuevos conceptos para entender que la tecnología nos permite abrir ventanas donde antes había paredes en el aula de español. ¿Y tú, sacas partido a estas tendencias en tu clase?

 


Francisco HerreraEste artículo ha sido escrito por Francisco Herrera, director del centro Clic International House Cádiz, coordinador y tutor en formacionele.com, la plataforma International House para la formacion de profesores de español. Derechos de autor de la imagen de este post: GotCredit.