Dime qué pizarra construyes y te diré qué profesor eres

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Si hay algo que identificamos con una clase, tanto los profesores como los alumnos, es la presencia indiscutible de una pizarra, en cualquiera de las versiones que hoy podamos encontrar en el mercado. Si proponemos a un profesor impartir una clase en una empresa o en un espacio distinto a un centro de enseñanza lo primero que preguntará será: ¿hay pizarra?

Desde que tenemos constancia de su uso en el siglo XVIII, la pizarra ha sido la gran superviviente a pesar de todos los avatares que han acontecido a propósito de qué enseñar y cómo se aprende. La clave de este protagonismo persistente son las numerosas funciones que cumple para la adecuada gestión de la clase y sus excelentes características: lugar que ocupa, tamaño de la superficie, capacidad de integrarse con sistemas multimedia o familiaridad de los alumnos desde que han sido escolarizados.

Usos de la pizarra

Uno de los usos más habituales de la pizarra es presentar nueva información relacionada con los objetivos de la clase. Así podemos hacer una lluvia de ideas para activar conocimientos previos y recoger en la pizarra las intervenciones de los alumnos. También podemos presentar las nuevas estructuras y el léxico necesario para llevar a cabo la tarea final. Eso servirá de guía a los estudiantes mientras realizan la tarea y les dará más autonomía en su ejecución.

En la pizarra recogemos algunas cuestiones, retos y desafíos relacionados con el tema y los objetivos de la clase para que los alumnos desarrollen su competencia estratégica y el pensamiento crítico. Por su tamaño y superficie, la pizarra es un medio didáctico excelente para ilustrar cualquier tipo de contenido, ideando su conceptualización, desarrollando la imaginación de los alumnos, fomentando la interacción y su creatividad permitiéndoles llegar a acuerdos y adoptar un papel tradicionalmente asignado al profesor. Podréis encontrar algunos ejemplos en este artículo.

El profesor consigue focalizar la atención de los alumnos cada vez que escribe algo en la pizarra. Esto hace que también contribuya a homogeneizar el ritmo de aprendizaje al compás que escribe algo, da cierto tiempo para copiarlo y finalmente decide borrarlo. Eso sí, no sin antes asegurarse de ello: ¿puedo borrar la pizarra? o ¿puedo pasar la dispositiva?

La pizarra como recurso en el aula de ELE

Si algo preocupa al profesor de lenguas segundas y extranjeras es asegurar la comprensión y fijar la forma escrita de la nueva información presentada para evitar errores en los apuntes de los alumnos. Por otro lado, resume, descompone y relaciona las partes de un todo para que el alumno tome conciencia del funcionamiento de la lengua, su vinculación con el componente intercultural y el desarrollo de su autonomía como aprendiente.

Pero si tuviera que remarcar en este artículo qué es lo que más diferencia a la pizarra del resto de medios didácticos sería su carácter emergente. La pizarra se va construyendo a medida que la clase se desarrolla en una suerte de combinación entre lo planeado y lo que en cada momento acontece. Por ello es fundamental recoger en la pizarra las intervenciones de los propios alumnos.

Sirva la siguiente infografía para enumerar algunos de los usos que hacen los docentes de este medio didáctico por excelencia:

la pizarra en el aula de ELE

Para saber más

Andanza P. (2010) ¿Mantiene la pizarra su vigencia?”, doumento en línea consultado el 6 de abril de 2017.

Llorente, E. (1983): Didáctica sobre la pizarra. Granada: ICE, Universidad de Granada.

Ponce, A. y otros (2013): “La pizarra como medio de enseñanza”, documento en línea  consultado el 6 de abril de 2017.

 


Francisco HerreraEste artículo ha sido escrito por Antonio Orta, tutor en formacionele.com, la plataforma International House para la formacion de profesores de español. Imagen de portada de este artículo: Pixabay.

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