El caso Bill: la competencia existencial en el aprendizaje del español

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Cómo afecta la competencia existencial y  la capacidad de aprender de un  estudiante en su aprendizaje del español

En el curso de formación impartido el pasado mes de agosto conocimos a Bill, un alumno estadounidense de nivel A1 que se prestó a aprender español en un contexto de formación para profesores noveles en prácticas. ¿Por qué Bill? Bill puso a prueba, contra las cuerdas, a los profesores, y resultó ser uno de los estudiantes más problemáticos y significativos  con el que todos aprendimos mucho.

Retrato de Bill:  

Bill, un estudiante maduro, se enfrenta a una nueva experiencia, otras personas, otra cultura, otra forma de aprender. Con un estilo cognitivo aparentemente convergente y analítico. Poco flexible y con gran capacidad memorística,  seguro de sí mismo pero muy dependiente del profesor. Mantiene una gran atención sobre lo desconocido, tanta que pretende aprehenderlo todo, y acaba siendo el centro de atención de toda la clase. Interrumpe constantemente porque no siempre capta la intención de las tareas establecidas. Le cuesta colaborar con eficacia en grupos de trabajo y usa recurrentemente el inglés para solicitar ayuda.

Bill cuestiona abiertamente la metodología aplicada en el curso porque no entiende por qué en la clase de A1 los profesores solo hablan en español. Acepta que sus compañeros le resuelvan algunas dudas de vocabulario, de instrucciones, aunque siempre busca confirmación del profesor. Se siente más seguro con un  profesor que explica la gramática, que corrige directamente al alumno y  que traduce en inglés lo que no entiende. Por otra parte está muy motivado por el aprendizaje,  muestra real interés y curiosidad en conocer la cultura, tanto la española como la de sus compañeros. Decidido, con iniciativa, no duda en preguntar en clase abierta lo que no entiende, persevera y persiste hasta encontrar la respuesta.

Resulta revelador comprobar que la actividad comunicativa de los alumnos se ve afectada por su competencia existencial, es decir  por factores individuales relacionados con su personalidad y caracterizados por las actitudes, las motivaciones, los valores, las creencias y  los estilos cognitivos, y  por su capacidad para aprender. Esta capacidad de aprendizaje de lenguas se desarrolla, sin duda,  en el curso de la experiencia de aprendizaje. Si para Bill era la primera experiencia con el aprendizaje de un segundo idioma, podríamos esperar de él menor  eficacia e independencia hacia este nuevo reto. Por otra parte sabemos que los factores de actitud y de personalidad inciden enormemente no sólo en los roles que cumplen los alumnos en los actos comunicativos, sino también en su propia capacidad de aprendizaje.

Para este artículo fueron importantes algunas notas tomadas por la tutora que observó las prácticas, pero sobre todo fue valiosa la información recogida de los propios profesores en prácticas al final del curso, a través de este cuestionario de preguntas abiertas: ¿qué estudiante vais a recordar más?  ¿qué conflictos habéis tenido con vuestros estudiantes? ¿cómo lo habéis vivido? ¿cómo lo resolvisteis?

Algunos testimonios anónimos de los profesores “sufridores”

¿Qué estudiante vais a recordar más?  A Bill…

  • Por sus tics con el diccionario y sus necesidades, siento que hubiera tenido que utilizar más estrategias para poder integrarlo en la clase.
  • Por la gran responsabilidad delante de un alumno que no entiende nada y no confía en la clase.
  • Porque con él hay que mantener un sobresfuerzo para mantener la calma.
  • Porque me hubiera gustado dedicarle más tiempo.
  • Porque me ha enseñado lo difícil que es mantener la forma cuando no tienes feeling con un estudiante. Fue una situación que no esperaba y he aprendido mucho de él.
  • Porque me daba respeto y  no lo veía a gusto, eso me ponía nerviosa.

¿Cómo ayudasteis a Bill?

  • Intenté repetir las instrucciones y ser más clara.
  • Usé el inglés fuera del aula para explicarle el porqué de nuestro método.
  • Me sirvió bastante no estar pendiente de sus comentarios durante la clase.
  • Lo invité a que se apoyara más en sus compañeros.
  • Con cabeza fría y mano izquierda; sin entrar en la cuestión, relativizando y aplazando la posible respuesta.
  • Le dediqué mucho más tiempo que al resto de sus compañeros.

Si hacemos una valoración final, las acciones de los profesores en prácticas estaban colmadas de buenas intenciones de ayuda y atención hacia un estudiante que lo necesitaba. Todas parecieron surgir efecto en Bill, porque no faltó ni un solo día, se mostró menos tenso, participó más de la clase, sonrió e  hizo alguna que otra actividad colaborativa con sus compañeros de clase. Y si a su español nos remitimos, alcanzó un nivel que le permitió comunicarse en el cóctel de despedida con los profesores, compañeros y tutores del curso.

Bill, sin duda abre un debate ético y pedagógico, al que todos estáis invitados:

  • ¿Hasta qué punto la personalidad de Bill debe ser un objetivo educativo explícito para los profesores?
  • ¿Qué aspectos de la personalidad de Bill facilitan o impiden su aprendizaje?
  • ¿Cómo se le puede ayudar para que aproveche más sus cualidades  y así solventar sus carencias?
  • ¿Cómo se le puede  reconciliar  con la metodología comunicativa?

Esperamos vuestras respuestas, dedicadas a Bill.


Geni AlonsoEste artículo ha sido escrito por Susana Ortiz, tutora en formacionele.com, la plataforma International House para la formacion de profesores de español.