¿El docente debe ser también psicólogo?

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¿El docente debe ser también psicólogo? ¿El alumno paciente? ¿Cómo resolver el conflicto en el aula?

Como bien se recoge en el Marco Común Europeo de Referencia (MCER, 5.1.3) al hablar sobre la competencia «existencial»:

la actividad comunicativa de los alumnos (…) también se ve afectada por factores individuales relacionados con su personalidad y caracterizados por las actitudes, las motivaciones, los valores, las creencias, los estilos cognitivos y los tipos de personalidad que contribuyen a su identidad personal.

El docente, como ser humano que también es ¿debe ser competente en este área? ¿Cómo nos enfrentamos ante un conflicto? ¿Cuál es la actitud adecuada? Nos preocupa, porque del conflicto también formamos parte.

Un ejemplo. Un estudiante japonés paraliza la actividad de la clase y me dice indignado: Es que ya no estoy motivado para aprender. Ya no quiero continuar, deseo salir de la clase.

Como imagináis, helado el ambiente. Le pregunto por qué, aunque lo sospecho: Necesito más tiempo para comprender los textos. Esta semana han llegado estudiantes nuevos que leen más rápido. Yo no puedo hablar del texto con ellos porque no he comprendido nada.

Valoremos mi reacción:

  • Primer momento: Tierra trágame. Ahora no es el momento de hablar de ello.
  • Segundo momento: Bueno, Akira, algo habrás entendido, además no tienes que comprenderlo todo.
  • Tercer momento: Tú eres entrenador de fútbol, me sorprende tu actitud. ¿Qué dirías si uno de tus alumnos abandonara?
  • Con el cuarto momento, ya fuera del aula, llegó la reflexión. Efectivamente había cometido un acto de injusticia con Akira, había beneficiado a los más rápidos. Pienso que a partir de ahora equilibraré los ritmos, dando objetivos diferentes de comprensión, diferentes textos, más estrategias, y usaré un modelo de clase invertida (leen los contenidos en casa y los comentamos en clase un día después).

¿Qué aprendí? A no dejarme llevar por la emoción, a no huir del conflicto, porque el aula supone siempre una oportunidad de cambio y de aprendizaje de nuevas competencias. No sabemos, es cierto, y no nos han enseñado, como tampoco nos han enseñado a ser padres. Lo resolvemos afrontándolo, compartiéndolo con nuestros colegas, con la mejor intención, empatía y hasta con amor. Podríamos en este blog estudiar casos reales, nuestros o de otros, y ver cómo nos enfrentamos a ellos y los resolvemos. ¿Qué os parece?

No estamos formados para esto, por lo que parece fundamental compartirlo con los colegas y enfrentarnos juntos a la problemática. Los padres tampoco hemos sido educados para serlo y sin embargo con amor hacemos siempre lo que podemos y como mejor sabemos. En la enseñanza el amor sería el equivalente a la empatía.

 


Geni AlonsoEste artículo ha sido escrito por Susana Ortiz, tutora en formacionele.com, la plataforma International House para la formacion de profesores de español.

¿Qué papel juega el estudiante en tu planificación?

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Con frecuencia el profesor asume toda la responsabilidad históricamente heredada de la gestión de la clase. Planifica, imparte la clase y, si le queda tiempo, evalúa los resultados obtenidos. El nuevo marco de competencias docentes clave del profesorado de lenguas segundas y extranjeras nos propone ocho competencias clave que a su vez engloban cuatro competencias específicas cada una, resultando un total de treinta y dos competencias.

Pese a que la gestión del aula aparece como una competencia específica de la competencia clave, la de  organizar situaciones de aprendizaje, podemos intuir que realmente se encuentra diseminada a lo largo del resto de las competencias.

Cada vez se refuerza más la figura del profesor y su papel en el éxito o fracaso de una clase. Pero, ¿qué pasa con los alumnos? ¿Qué grado de responsabilidad les otorgamos en todo este entramado tan complejo?

Os propongo un símil. Imaginemos al profesor de ELE como un perfecto huésped que desea agasajar a sus invitados. Pero no está seguro de cuántos podrán venir definitivamente a la cena, ni si son vegetarianos, veganos, padecen de alguna alergia alimentaria o comen de todo. Tampoco tiene claro si vendrán con mucha hambre o si estarán algo hartos por haber tomado unas tapas antes de llegar a casa. Espera poder atenderlos a todos pero teme que quizás no tenga esa capacidad si surgen imprevistos.

Para dar cabida a todas estas opciones, el hueped se lleva una semana planificando la cena: hace una lista de todo lo necesario, va de compras, cocina lo que puede con anterioridad y deja para el último momento lo que debe estar caliente, dispone el espacio de manera que quepan todos, pone música de fondo, recibe a los comensales, les va poniendo algo de beber mientras llegan los demás, sigue recibiendo a los rezagados, empieza a poner la cena, se levanta continuamente cuando necesitan algo, va sacando poco a poco la comida, pone el postre, empieza a despedir a los primeros en marcharse, sirve una copa a los que se quedan, finalmente se queda solo y recoge todo. Mientras tanto reflexiona sobre cómo ha ido la cena y cómo podría mejorarla para la próxima ocasión, si le quedan ganas y fuerzas.

¿Qué habría pasado si hubiera repartido las responsabilidades entre todos los asistentes a la cena? Habrían disfrutado de platos muy variados, nadie se quejaría de no haber probado bocado, todos ayudarían a poner, servir y recoger la mesa.

Piensa ahora en todo lo que hace un profesor antes, durante y después de una clase: planifica, prepara los materiales, consulta las posibles dudas, cuida con anterioridad de que todo funcione, saluda, presenta el tema y los objetivos, da las instrucciones para hacer las actividades, corrige, escribe en la pizarra, hace uso de los diferentes recursos, agrupa a los alumnos, controla la buena marcha de las actividades, explica, aclara, comprueba, ofrece modelos, practica, diseña pruebas de examen, evalúa, resume.

¿Qué pasaría si los alumnos se implicaran en estas tareas que tradicionalmente realizan los profesores?


Francisco HerreraEste artículo ha sido escrito por Antonio Orta, tutor en formacionele.com, la plataforma International House para la formacion de profesores de español. Imagen de portada de este artículo: Pixabay.

¿Usar o no usar un libro en clase de español?

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En nuestro curso sobre planificación, uno de los temas que más cuestiones y debate suscita es el del empleo o no de un libro de texto a la hora de planificar . Parece evidente que su implantación en nuestras clases es una  realidad, impuesta o no, y que el libro está aquí para quedarse, si atendemos a los enormes esfuerzos editoriales que se están haciendo en los últimos años.

Aunque todos sabemos que no existe un manual perfecto y que hay que manipularlos y adaptarlos a nuestro estilo, la experiencia a la hora de implementarlos parece ser un factor determinante. Mientras que los profesores más noveles agradecen la estructura y los recursos que el libro nos brinda, entre los que tienen experiencia están, por un lado,  los que se sienten encorsetados y con poco margen para la libertad creativa y, por otro, aquellos que defienden la comodidad de seguirlos.

Aquí os dejamos un resumen de los pros y los contras del uso de manuales que han surgido en esta última convocatoria.

Ventajas:

  • Son fiables. Material cuidado y diseñado por profesionales y expertos.
  • Son materiales con garantías y adaptados a los documentos de referencia.
  • Son una guía. Sirven de hoja de ruta, tanto para el  profesorado como  para los alumnos.
  • Favorecen el autoaprendizaje. Los estudiantes pueden revisar lo visto y avanzar o profundizar conforme a su ritmo de aprendizaje.
  • Son cómodos. En ellos encuentro todo el material que puedo necesitar para una clase, en un soporte manejable y fácil de transportar.

Desventajas:

  • Pueden ser un marco cerrado que puede crear un modelo poco flexible no adecuado a todos los alumnos.
  • Se desactualizan y pierden vigencia. Deben ser renovados frecuentemente.
  • El exceso de estructura puede generar monotonía y aburrimiento.
  • El análisis de la lengua que se presenta puede ser parcial, erróneo o estar falseado.
  • Están sometidos a criterios comerciales. La estructura y distribución de los contenidos a veces responde a criterios mercantiles.

Y vosotros ¿seguís un libro o vais por libre?

 


Juan de Dios López RaelEste artículo ha sido escrito por Juan de Dios López Rael, formador de profesores de español del centro Clic International House Sevilla y tutor en formacionele.com, la plataforma International House para la formacion de profesores de español.

Créditos de la imagen: Sebastien Wiertz.